11/3/15

Nuestro día a día con bebé

Durante el embarazo estuve tan centrada en que el bebé estuviera bien, que no planifiqué para nada nuestro día a día con un nuevo miembro en la familia. Y la verdad es que estoy sorprendidísima pues suponía que iba a ser mucho más complicado y caótico. Pensaba que me sentiría desbordada y agotada por las noches sin dormir y las exigencias de cada jornada con tanto muchacho, pero nada más lejos de la realidad. Yago se despierta como todos o casi todos, un montón de veces cada noche para mamar, en esto es igualito que todos sus hermanos, pero sorprendentemente yo no me encuentro excesivamente cansada. Estoy disfrutando muchísimo de él, creo que con mis otros hijos al ser tan seguidos me perdí muchas vivencias de las que ahora puedo gozar a tope. Y cuento con la experiencia, que hace que todo sea taaaaaan fácil que te sorprendes al recordar lo que te preocupaba o estresaba hace años.
Es como cuando eras niña y te regalaban los Reyes una muñeca con todos sus accesorios y te pasabas el día cambiándole de vestidito, peinándola etc....Así es con Yago, cada día una fiesta, nos pasamos las horas muertas mirándole, hablando con él, observando lo mucho que ha crecido, el pelito que le va saliendo, lo gordito que está etc...el momento del baño un momento de diversión para todos. Nunca había utilizado la tummy tub pero es todo un invento pues le podemos bañar en el salón al lado de la chimenea que es la estancia más caliente de la casa. Y a él le encanta, se queda tan a gusto hasta que se enfría el agua y todos alrededor  babeando con sus gracias ja,ja..


Durante el día utilizo mucho el fular porta bebés que me permite hacer todo lo de la casa imprescindible y dar largos paseos mientras él duerme como un tronco (no puedo correr pero creo que esto me servirá de entrenamiento ja,ja..). Cuando no está metido en el fular está en mis brazos mamando o en brazos de los chicos o de su padre que se pelean por tenerle. Así que si alguna vez puntual le metemos en una hamaca que nos han regalado hasta le gusta ja,ja..
Es una experiencia impresionante criar a un bebé así, debe ser bastante parecido a la crianza en una tribu. Ya no eres tú sola con un bebé y más bebés que criar, atender, educar, sino que todos colaboran con la crianza del más pequeño, atendiendo sus necesidades. Generalmente se duerme en mis brazos pero en otras ocasiones lo hace en brazos de mis hijos mayores, de ese modo es mucho más llevadero y a la vez más gratificante pues no te sientes tan agobiada por tener un bebé encima las veinticuatro horas del día. Por otro lado empiezas a recoger lo que sembraste pues los niños le cogen, le acarician, le hablan constantemente, por lo que  apenas llora ya que nunca tenemos necesidad de dejarle solo pues se quema la comida o hay que hacer cualquier otra cosa urgente.

¿El homeschooling? bastante bien. Los mayores trabajan casi solos y los pequeños uno a cada lado haciendo cada día un poquito de matemáticas, algo de lectoescritura, lecturas en voz alta y mucho juego libre.
Los mayores ayudando muchísimo en casa, han aprendido a cocinar muchos platos sencillos pero que te sacan de un apuro y también ayudan al mantenimiento de la casa, a pasar la aspiradora, tender la  ropa, doblarla, encender la chimenea, colocar la compra cuando venimos del super etc...Y yo me he relajado un montón y he descubierto que no pasa nada por comer alguna pizza de más o pollos de estos que ya vienen cocinados y solo hay que meter en el microondas. La cocina es lo que más he tenido que descuidar pues requiere mucho tiempo del cual ahora no dispongo. Me da pena porque me encanta cocinar cosas ricas, pero no se acaba el mundo por comer durante unos meses comida menos elaborada o menos sana. También he tenido que sacrificar mi tiempo para escribir en el blog, para leer otros blogs, para leer libros, esto último no tanto por falta de tiempo sino por mi cabeza que se ha quedado un tanto trastornada tras el nacimiento de Yago. Mi amiga María, dice que son las "brumas de la lactancia" y yo no se si será eso o qué pero la verdad es que no soy capaz de ningún esfuerzo intelectual. De hecho creo que lo único que sería capaz de leer ahora mismo son revistas del corazón y si no lo hago es porque me daría vergüenza y porque va en contra de mis principios ja,ja..
O sea que, disfrutando ante todo de la crianza del pequeñín, de su olor, de su calor con su cuerpo pegadito al mío, disfrutando de sus sonrisas desdentadas, de su cabecita redonda con cuatro pelitos, de sus despertares nocturnos que me recuerdan la bendición que tengo al lado y me hacen volver a dar gracias por su vida. Disfrutando de ver ropa tendida de bebé en el tendedero, disfrutando de lavar a mano pañales de tela, disfrutando de sus pies diminutos, de su mirada atenta, de sus ojos que aún no se sabe de qué color serán, disfrutando al darle masajes con aceite de almendras por sus piernecitas que empiezan a estar rollizas, disfrutando cuando le veo con mis hijos mayores que tanto lloraron a sus hermanitos, disfrutando cuando le veo en brazos de su papá y entonces de repente como Alicia en el país de las maravillas se hace tan pequeñitoooo, disfrutando de ir con un bebé en brazos y saber que contigo está descubriendo el mundo. Disfrutando de las largas horas de lactancia, de sus manitas regordetas y pequeñas que se apoyan abiertas en tu pecho. Disfrutando de amar y de ser amada.


22/1/15

NACIÓ YAGO

El día 15 de diciembre, en pleno Adviento, vino al mundo nuestro pequeñín. Una bendición de niño, que nos está colmando de alegría, felicidad y ternura desde que nació. Me he puesto a escribir esta entrada unas cuantas veces y por diferentes razones nunca la he terminado. Es algo que no me suele suceder pues no me cuesta escribir, las palabras me salen solas aunque frecuentemente no encuentre las adecuadas para describir ciertos acontecimientos, o algunos estados de ánimo, pero eso me imagino que le ocurre a todo el mundo. Ante una pena o una dicha muy grandes nos quedamos sin palabras ¿verdad?
No se si esa será la razón por la que no puedo escribir sobre el nacimiento de Yago o tal vez porque no me ha quedado el mejor recuerdo del mismo. Cierto que podría haber sido muchísimo peor, que soy una afortunada, pero estoy muy mal acostumbrada y después de haber vivido nacimientos tan bellos con mis hijos mayores, éste me ha sabido a poco… ¡qué le vamos a hacer!
Justo la noche que cumplía las cuarenta semanas, soñé que estaba de parto. Si fue sueño o realidad nunca lo sabré, pero pudiera ser que realmente hubiese estado toda la noche con suaves contracciones, ya que a eso de las seis de la mañana me desperté sobresaltada pues había roto la bolsa amniótica. Era una situación nueva para mí, pues en mis anteriores partos nunca se había roto la bolsa hasta el momento del expulsivo. De hecho  dos de mis hijos nacieron con las membranas integras. Durante todo el embarazo soñé con que mi bebé naciera en casa, pero nuestras circunstancias entre ellas la económica, no nos permitían otro parto domiciliario con asistencia de matronas y sin asistencia me parecía una locura. Lo normal es que no ocurra nada terrible, pero ¿y si sucede?
O sea que  habíamos decidido ir al hospital a no ser que el niño saliera así de repente (cosa que no pasó). Con tranquilidad pero sin demorarme demasiado me duché, avisé a mi marido, preparé una mochila con libros, pijamas, ropa para el bebé...Mientras Carlos encendía la chimenea para que los niños estuviesen calentitos al despertar y en la cocina cortaba jamón y preparaba una botella de vino para celebrar el nacimiento. Es ya una tradición familiar, así hemos festejado cada uno de los nacimientos de nuestros hijos.
Y en cuanto estuvimos listos salimos para el hospital. Cuando llegamos, me exploraron, volvimos a hablar del tipo de parto que queríamos y me dijeron que apenas había comenzado a dilatar por lo que nos mandaron a una habitación de planta.
Amplia, pintada de azul, con vistas a la sierra, no está mal…aunque es una habitación de un hospital y se me hace muy extraño esperar a nuestro hijo en ese lugar frío, que no tiene absolutamente nada que ver con nosotros, pero es lo que hay.
Pienso que si el parto se prolonga va a ser un poco aburrido. Nos dicen que si queremos pueden venir los niños. Pero ¿qué hacemos todos metidos en una habitación mientras yo estoy con contracciones? No es lo mismo que en casa, que ellos están a lo suyo, entran, salen, comen si tienen hambre, es todo natural.
Me doy otra ducha, me pongo un pijama, me traen una pelota de pilates, Carlos va a por un refresco que me dicen es buenísimo para el trabajo de parto, viene a hacernos una visita el capellán del hospital amigo nuestro que nos bendice y por último viene la matrona que nos va a atender el parto. Ya le han informado de lo que queremos y se limita a monitorizarme un rato y decirnos que la avisemos si necesitamos algo. De no ser así en un rato se pasaría para ver como transcurría todo.
En seguida nos quedamos solos, miro el reloj  y ya son las doce del mediodía. Llamamos a los chicos nuevamente y rezamos con ellos el Ángelus. Me siento en la cama con las piernas cruzadas, mientras observo por el ventanal mecerse los árboles con el viento y vienen a mi muchísimos pensamientos, sensaciones e incluso algún miedo entrometido.
Hasta ese momento no había tenido sino contracciones muy suaves, pero de repente empiezan  con toda su fuerza. Cuando estamos tranquilos... cuando todo está bien...
Carlos me hace fotos y comienza a controlar las contracciones. Son cada cuatro minutos, cada tres, cada dos, cada uno, cada vez más seguidas, más intensas y más  largas. Él estaba emocionado y decía: ¡¡Qué bien, esto va muy rápido!! Tan rápido, tan rápido que enseguida empecé a decirle que no podía más. Él me decía: ¡¡Qué si cariño, que si puedes, como has podido todas las veces!! Y recuerdo que curiosamente, no se por qué, pero me dijo que recordase a Kai y a Minaya. Tal vez para que me apoyara en ellos, que sin duda podrían interceder por mí y por su hermano desde el cielo.
En esos momentos ambos sabíamos que ya no quedaba nada para tener a nuestro pequeño en brazos. Cuando sientes que no puedes más empieza lo mejor, de la misma manera que la salida del sol siempre está precedida por la hora más oscura de la noche. 
Nos miramos y sin palabras nos dijimos que era la oportunidad de nuestras vidas. ¡¡Podíamos intentar tener solos a nuestro hijo!! Carlos se asomó al pasillo y entró contento diciendo que estaba todo muy tranquilo, que no había nadie.
Bajamos la persiana dejando la habitación en penumbra, me desnudé, cogimos unos empapadores, una sábana, todo lo que encontramos a mano para tapar la cama y me puse en cuclillas pues ya sentía deseos de empujar. Instantes después y en pleno expulsivo abren la puerta y entra la matrona con la auxiliar. No quise ni mirar, pero me imagino la cara que pondrían. Se mostró bastante nerviosa, me preguntaba que por qué empujaba…me decía que me tenía que dar la vuelta para poder explorarme, que me tenía que monitorizar.
Yo seguía impasible, a lo mío. No cambié de postura, no dije absolutamente nada, intentaba por todos los medios permanecer centrada.
No fue nada agradable, en el momento más emocionante del parto, cuando por fin puedes ayudar de una manera más activa a tu hijo a nacer, oír discutir a tu marido y a la matrona. La matrona empeñada en bajarme al paritorio, mi marido que se responsabilizaba de todo lo que ocurriese pero que por favor, me dejasen tranquila, que el bebé ya estaba naciendo. La matrona poniéndome los cinturones para monitorizarme y yo quitándomelos porque me molestaban muchísimo, me descentraba cada vez que me ponía el gel, el escuchar el sonido del monitor me ponía de los nervios.  Sólo deseaba que me dejasen en paz. Tenía ganas de gritar para que se fuesen y nos dejasen solos, pero logré permanecer absorta en lo mío, no podía derrochar fuerzas en algo ajeno y extraño a nosotros.
Debieron ser escasos minutos, pero se me hicieron eternos y muy desagradables. Recuerdo todos mis partos anteriores, esos instantes en los que estás fuera de ti misma, escuchando tan solo alguna palabra de ánimo, pero ante todo: el silencio, la calma, la paz, la espera tranquila, sosegada, aunque con cierto nerviosismo. Todos los presentes sobrecogidos y desbordados de sensaciones ante el acontecimiento que se avecina.
De repente la matrona dijo que adelante, que naciese el bebé en la habitación, aquello me  tranquilizó bastante y enseguida pudimos ver la carita de nuestro bebé. Luego me contó Carlos que en el momento en el que salió la cabeza del bebé, la matrona no aguantó más y le “ayudó” para que saliese el resto del cuerpo. Me dio muchísima rabia cuando me enteré, pues no es en absoluto necesario. Los niños saben nacer, no necesitan ayuda, no había ninguna necesidad, pues todo estaba transcurriendo con absoluta normalidad. 
Me pusieron al bebé encima del pecho tapado con una toalla, inmediatamente empezó a mamar. La matrona estaba muy preocupada por el riesgo de hemorragia al ser una gran multípara, ya que no habían tenido ocasión de cogerme la vía. Comprobaron "asombrados" que apenas sangré  y enseguida cortaron el cordón. En casa el corte del cordón es cuando deja de latir, a la media hora o incluso más tarde, aquí yo insistí en que seguía latiendo, que esperasen un poco, pero parecía como si el edificio estuviese en llamas o algo así, pues no podían aguantar ni un minuto más. El alumbramiento se produjo enseguida, pero también  notaba mucho nerviosismo en la matrona y cierta urgencia para que la placenta saliera ya. Los ritmos de la madre y el bebé son radicalmente diferentes a los de los profesionales sanitarios. Los primeros necesitan que todo se ralentice, necesitan tranquilidad, silencio, que se pare el tiempo. Los médicos, las matronas, los auxiliares están en otra onda y buscan rapidez, eficiencia, que todo esté bajo control. Como me dijo una amiga enfermera: "Cariño, los hospitales no son buenos ni para nacer ni para morir"
En honor a la verdad he de reconocer que en pocos minutos estaba en la misma cama donde nació mi hijo pero perfectamente limpia, y los tres solos celebrándolo con nuestro vinito tinto y el jamón serrano. A partir de ese momento entraban de vez en cuando a preguntar qué tal estábamos, tomarnos la temperatura, mirarme la tensión, etc...pero ya no se entrometieron en nada. De hecho el bebé durmió conmigo todo el tiempo, casi siempre encima de mi pecho y no hicieron ningún comentario. Encantados de que optase por la lactancia materna a demanda, tampoco me intentaron convencer cuando dijimos que no queríamos vacunarle. En todo lo relacionado con el cuidado del niño me sentí tan libre como si estuviese en mi propia casa.
Fue muy emocionante cuando vinieron a conocerle sus hermanos y unos amigos muy queridos. Me quedé esa noche a dormir en el hospital con mi hijo mayor pues Carlos debía estar en casa con los pequeños. A la mañana siguiente pedimos el alta voluntaria, que me dieron sin problemas, aunque insistían que mejor me quedase por si surgía alguna complicación y sobre todo para que descansase.
¿Descansarrrrrrrrrrrrrrr? Me moría de la risa, pero si no me dejaban tranquila ni un momento. Mi hijo me decía muy sensatamente: ¡¡¡Mamá que esto es un hospital, no un hotel!!!
Pasamos una noche muy entretenida, la verdad es que yo nunca duermo el día que he dado a Luz, por lo que no me importó "demasiado" que entrasen en la habitación cada dos por tres para ofrecernos un vaso de leche, bajarme la persiana porque yo la tenía levantada pues no soportaba tanto calor, preguntarme si el bebé había hecho caca, tomarme la temperatura, tomarme la tensión, brrrrrrrrrrrrrrrr. Al final mi hijo ya se empezaba a mosquear y cuando a las siete o las ocho de la mañana se reanudó la rutina hospitalaria decía que se quería marchar a casa YA, ja,ja..
En seguida vinieron a buscarnos Carlos y los niños. Cuando llegué a casa la sensación fue maravillosa, nunca lo olvidaré. Todo estaba limpio y recogido, habían comprado flores de Pascua y un árbol para plantarlo en el jardín sobre la placenta (que nos dejaron llevar del hospital)
Después de comer me tumbé en el sofá con mi hijito y vimos una película toda la familia junta. Por fin, pude descansar, me sentía desbordante de felicidad (la verdad es que no me sentía así, me sentía como si fuera a morir de amor,  pero no tengo palabras para definir ese estado tan glorioso). No podía dejar de llorar de emoción por ver a mi chiquitín sano, robusto y encima tan bonitooooooo. También lloraba por los bebés de la familia que se fueron tan pronto, sobre todo por el último bebé recién nacido que había tenido encima de mí. Los recuerdos se agolpaban en mi mente constantemente, el contraste entre  la absoluta felicidad y la mayor tristeza. Los misterios de la Vida y de la muerte. Cuando en el hospital cogieron las huellas de Yago fue un momento terrible, recordaba que hacía cuatro años es lo único que me llevé conmigo a casa: 
¡¡Además de un útero vacío, unas huellas de bebé!! 
Siempre me he sentido dichosa ante el nacimiento de cada uno de mis hijos, pero ahora la felicidad me sobrecoge, me supera, siento que me desborda, de manera directamente proporcional a como me desbordó la pena hace cuatro años.




“Ha nacido un nuevo hijo. Llegó, y la casa se llenó de fragancia. Parece primavera. En Ti, Padre santo hontanar de toda paternidad, en Ti están todas nuestras fuentes. Nos has enviado un regalo deseado y soñado: Un niño ha llegado al banquete de la fiesta. ¡Sea bienvenido! ¿Con qué palabras te daremos gracias, Señor de la Vida, con qué palabras? Gracias por sus ojos y sus manos, gracias por sus pies y su piel, gracias por su cuerpo y su alma. En tus manos de ternura lo depositamos para que lo anides y lo mimes y lo llenes de dulzura. Padre santo y querido, pon un ángel a su lado para que cierre el paso a la enfermedad y todo mal y lo guíe por el sendero de la salud y el bienestar. El Bien, la Paz y la Bendición lo acompañen por todos los días de su vida. Amén”.
                                 PADRE IGNACIO LARRAÑAGA


12/12/14

Más sobre la adolescencia


"Los jóvenes de hoy en día extienden la niñez más allá de lo que corresponde cronológicamente, son inmaduros e irresponsables a una edad en la que ya no deberían serlo. Pero al mismo tiempo pierden muy pronto la candidez, pierden la inocencia y la frescura....envejecen pronto..."

NATALIA SANMARTIN FENOLLERA El despertar de la señorita Prim

Memorización



"Sabemos muchas partes de poemas e historias de memoria; es lo primero que hacemos con todos los libros- dijo Téseris con su suave voz-. Pero él dice que así se aprende a amar a los libros, que tiene mucho que ver con la memoria. Dice que cuando los hombres se enamoran de las mujeres, aprenden de memoria su cara para poder recordarla después; se fijan en el color de sus ojos, en el color de su pelo, en si les gusta la música, si prefieren el chocolate o las galletas, cómo se llaman sus hermanos, si escriben un diario, si tienen un gato..."

NATALIA SANMARTIN FENOLLERA El despertar de la señorita Prim

4/12/14

Adolescencia y homeschooling II

¿Quién me iba a decir que finalmente se convertiría
el lector tardío en un lector voraz?
Dejo aquí una entrada  de Madalen sobre el HS en la adolescencia pues parece que algunas mamás, estamos reflexionando sobre esta nueva etapa de "nuestras" vidas. 


Por otro lado una cita de un libro que leí hace muchos años y ahora estoy re leyendo de nuevo. He sentido que tenía relación con lo que ayer pretendía transmitir  respecto a la adolescencia "poco natural" de hoy en día:

"La lógica natural impide creer que una especie evolucione con una característica que vuelve locos a millones de padres. Una mirada a los otros millones de padres que viven en lugares tales como países del Tercer Mundo, que no han tenido el "privilegio" de ser educados en dejar de entender y confiar en sus hijos, nos muestra familias que viven en paz y niños que, alrededor de los cuatro años, están ansiosos por ser útiles a su familia"

JEAN LIEDLOFF En busca del bienestar perdido

3/12/14

Adolescencia y homeschooling

Últimamente estoy reflexionando algo más sobre la adolescencia, más que nada porque tengo un chiquillo de catorce años. Mi experiencia todavía es pequeña, podré hablar con más rigor dentro de unos años. De momento, está siendo una etapa más, pero para mejor en todos los sentidos. Yo lo achaco a la bendición del homeschooling, pues desde luego la mayoría de los adolescentes que veo por ahí, no me gustan pero ni un poquito, pero claro eso también será algo de "pasión de madre" pues a todas nuestros retoños nos parecen encantadores. 
Hay quien sostiene, creo que Laura Mascaró entre ellos, que la adolescencia es un invento. Estoy totalmente de acuerdo si entendemos la adolescencia como esa adolescencia "eterna" (pues se sabe cuando empieza pero no cuando termina) durante la cual los chicos y  las chicas visten, gastan y consumen como si fueran adultos, pero no tienen absolutamente ninguna responsabilidad. Tienen todos los derechos del mundo y ninguna obligación. O sea adultos para algunas cosas y bebés para otras. Antiguamente entrar en la adolescencia significaba empezar a ser un "casi-adulto", un  dejar atrás la infancia e ir introduciéndose en el mundo de los mayores. De ahí los ritos, a partir de los cuales los chicos comenzaban a realizar las actividades de los hombres y las chicas las de las mujeres. Creo que ninguna sociedad podría haberse permitido "el excéntrico lujo" de mantener a un montón de muchachotes que no hacen nada más que mirarse el ombligo. Nos lo permitimos nosotros y así nos luce el pelo, claro...
Volviendo al homeschooling, tengo la teoría de que quizá los chicos, al no estar expuestos a tanta socialización, viven esta etapa de su vida de una manera más natural, esta etapa revolucionaria en la que obviamente algo cambia en sus cuerpos, en sus mentes, eso es innegable.
En nuestro caso, las obligaciones intelectuales son mayores que hace unos años, pero aún así le llevan muchas menos horas al día que cualquier chico escolarizado. Y para nada lo vive con estrés pues no hay prisa por llegar a ningún sitio. Todos los días trabaja en matemáticas, física, lengua, etc...pero sin agobios y a su ritmo. Sigue teniendo mucho tiempo para sus cosas, para leer y para colaborar en casa. 
Este aspecto del trabajo doméstico lo considero fundamental. Está claro que nuestros hijos algún día tendrán sus propios hogares y vivan solos o con familia tendrán que saber cocinar, mantener sus casas limpias y ordenadas, administrar el dinero que ganen etc...por tanto todas estas actividades no se deben considerar menos importantes que las intelectuales. En casa siempre han ayudado en la medida de sus posibilidades, pero con catorce años ya se trata de una ayuda real (aunque haya que repetirle las cosas y tener bastante paciencia ja,ja..) Hace muchos años que leía blogs de familias americanas en las que decían que un chico o una chica de estas edades debía ser perfectamente capaz de llevar una casa ( al menos por un corto espacio de tiempo, unas horas o unos días), es decir cocinar platos sencillos, mantener el orden, cuidar de hermanos pequeños.
No tenemos un horario rígido pero las rutinas son más o menos las mismas cada día. Entre las actividades más intelectuales intercalamos las tareas domésticas, que a nadie nos gusta hacer pero no queda otra y luego cuando se ha terminado todo es cuando hay tiempo para el ocio.
El otro día estuvimos en una reunión de Clonlara (la escuela a distancia dónde le tenemos matriculado este año) y su director Juan Carlos Vila nos explicaba la manera de obtener los créditos necesarios para el titulo de bachillerato (en USA no se llama así pero para entendernos). Para nuestras mentes tan escolarizadas cuesta mirar un poco mas allá de las matemáticas, la historia o el inglés...pero nos invitaba a tener en cuenta que todo aquello que seamos capaces de imaginar forma parte del currículo y con todo se pueden obtener créditos . Las optativas entonces tienen un peso enorme en el día a día y no se trata de "más de lo mismo", o materias escolares, o sea lenguas clásicas, chino, informática o lógica...¡¡¡que también!!! pero pueden ser perfectamente trabajos domésticos o para la comunidad, voluntariados, deportes, cualquier afición o hobby, trabajos remunerados a partir de los 16 años.
O sea que podemos seguir libres como hasta ahora y además tendremos el titulo de bachillerato sin haber pisado una escuela. Para mí es fundamental hoy por hoy, que algún día tenga el papelito, que luego no quiere seguir estudios universitarios pues fenomenal, pero si quiere siempre lo va a tener mas fácil y la única diferencia entre tenerle matriculado o no es que tienes que planificar un poco el curso y mandar tres veces al año informes. Un título de bachillerato no le va a cerrar ninguna puerta ni le va a producir ningún trauma.
Total que una etapa del homeschooling que estoy disfrutando un montón. ¡¡La vida siempre es sorprendente!!


¿Quién reconoce al adolescente? ja,ja...

30/11/14

Tiempo de Adviento

¡¡¡Otro Adviento.... tiempo de espera!!! aunque éste promete ser muy especial. 
Hemos puesto un sencillo "altarcito" con la Corona y los símbolos del árbol de Jesé. Por otro lado, el árbol que este año hemos hecho para variar y simplificar en goma eva. 

18/11/14

EL DÍA A DÍA

Arquímedes
Pienso que para perseverar a lo largo de los años en el homeschooling y que no termine convirtiéndose en una cruz, hay que saber cuando pedir ayuda o delegar en otros, ciertas parcelas de la enseñanza de nuestros hijos. A no ser que seas unschooling, pero aún así con ciertas edades y si el niño demanda saber, tiene derecho a recibir esa enseñanza.
Marvan hablaba de ello hace unos días en una de sus entradas y tiene toda la razón. A veces no es sencillo porque generalmente eso implica un desembolso económico y se puede o no se puede. 
El año pasado ya empecé a sufrir "dolores de cabeza" cuando me ponía con las matemáticas de mi hijo mayor. Este año se supone que debería empezar con el aprendizaje de la física y la química de una manera más formal. Además le gustan especialmente las asignaturas de ciencias y ya me empezaba a sentir fatal porque la opción de aprender con él a esos niveles me superaba. Con tres hermanos más y uno en la panza...¡como que no! Intentaba animarme, convencerme de que podía hacerlo, de que lo estudié en su día y tan solo se trataba de recordar....pero no era capaz de ponerme con ello.
Finalmente me lancé a buscar un profesor particular, que le enseñe física, química y le solucione las dudas de matemáticas. Un tutor que le ayude a organizar el trabajo de ciencias. Sólo ha tenido dos clases con él pero cuando terminan y veo un montón de hojas llenas de fórmulas, que han avanzado un montón y Salvador más contento que unas castañuelas diciendo que lo ha entendido todo y que es muy "chulo"...¡Siento que me he quitado un gran peso de encima! Si llega un momento en el que no se puede pues ya veremos, pero de momento estoy encantada.
Por otro lado estamos muy ocupados en casa, ya he comenzado con el instinto de nido y me paso el día limpiando telarañas (de esas que ya formaban parte de la familia), vaciando armarios, poniendo lavadoras y lavadoras, organizando la ropa de todos, cocinando de manera compulsiva, en fin...Lo bueno es que cuento con mucha ayuda, pues tanto mi marido como los niños están al cien por cien. Me encuentro cada vez mejor, como me ha pasado en todos los embarazos. Al final me crezco , me siento ligera como una pluma y llena de vitalidad y de energía. Los miedos están ahí de telón de fondo, pero se van disipando y ya la esperanza y la alegre espera ocupan su espacio. Todavía no sabemos dónde va a nacer el bebé, eso nadie lo puede saber ¡claro! pero cada vez me importa menos, siempre que pueda ser un parto natural y respetado. Tampoco tengo ni idea de como vamos a sobrevivir con un recién nacido, pero con los chicos tan mayores tengo la impresión de que va a ser coser y cantar. Sobre todo por la flexibilidad que permite el homeschooling, el hecho de no estar sujetos a horarios, que los dos  mayores trabajan prácticamente de manera autónoma y los pequeños podríamos decir que son unschoolers y se pueden atender sus necesidades cómodamente desde el sofá con las piernas en alto.
¡¡¡Y además me tranquiliza que  tenemos por medio las vacaciones de  Navidad!!!
"DESDE MUY NIÑO TUVE QUE INTERRUMPIR MI EDUCACIÓN PARA IR A LA ESCUELA"
G.García Márquez
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