s la cortedad de vista intelectual, sino la de horizonte. El hombre vulgar puede ser discreto, culto, dotado de talentos, genial y hasta retumbante en la sociedad; pero el nivel en que se complace su espíritu no se levanta sobre las cosas pequeñas, o, por mejor decir (pues lo infinito lo penetra todo y lo engrandece), sobre una contemplación pequeña de las cosas. Llama a la abnegación candidez, locura al sacrificio, a la lealtad torpeza, o vive al menos cual si se lo llamara, y perpetuamente embebido en el culto de los más triviales intereses, ni su propio espíritu se salva de aquel desdén universal hacia todo lo superior, de que apenas se sabe y que ampara y excusa con el ejemplo de otros tantos…..Sólo conoce lo que le aprovecha, y, en los conflictos en que las almas se destrozan, se aparta confesando que él “no es de la raza de los héroes”.21/11/09
s la cortedad de vista intelectual, sino la de horizonte. El hombre vulgar puede ser discreto, culto, dotado de talentos, genial y hasta retumbante en la sociedad; pero el nivel en que se complace su espíritu no se levanta sobre las cosas pequeñas, o, por mejor decir (pues lo infinito lo penetra todo y lo engrandece), sobre una contemplación pequeña de las cosas. Llama a la abnegación candidez, locura al sacrificio, a la lealtad torpeza, o vive al menos cual si se lo llamara, y perpetuamente embebido en el culto de los más triviales intereses, ni su propio espíritu se salva de aquel desdén universal hacia todo lo superior, de que apenas se sabe y que ampara y excusa con el ejemplo de otros tantos…..Sólo conoce lo que le aprovecha, y, en los conflictos en que las almas se destrozan, se aparta confesando que él “no es de la raza de los héroes”.15/11/09
Pedagogía del contagio
11/11/09
09/11/09
08/11/09
Las 15 acusaciones
03/11/09
Los niños y la televisión
Heredamos una muy antigua de mis padres que desecharon al mudarse, la colocamos en un rincón del salón (en el suelo) y ahí estuvo un tiempo. Algunos familiares “preocupados” por nosotros nos dieron dinero para comprar un artefacto en condiciones y nosotros que veíamos muy bien un canal o dos…pensamos que a ese dinero le podíamos dar mejor uso, por lo que nunca llegamos a tener una tele mejor. Cada vez se veía menos y cuando nuestro hijo mayor tenía unos dos o tres años en un "destrasteo compulsivo" que me afecta en cada embarazo, convencí a mi esposo para que la donase y de esta manera tan sencilla nos libramos del extraño.
28/10/09
Avisos varios sobre "educación en familia"
23/10/09
ES LA HISTORIA DE UN LECTOR
Siempre me preguntaba: ¿Cuándo dejaría los pañales? ¿Cuándo comenzaría a hablar? ¿A preguntar el por qué? ¿Cuándo se dormiría sin tomar pecho? ¿Cuándo sería independiente? Pero jamás, jamás de los jamases se me ocurrió leer algo sobre el aprendizaje de la lectoescritura (bueno miento pues leí un librito de Freinet) .Tenía más o menos claro, que no era necesario ni conveniente, estimularle con bits ni nada semejante, que respetaría su ritmo(claro que siempre nos resulta más sencillo respetar el ritmo de la liebre que el de la tortuga, aunque finalmente la carrera la gane esta última), que no comenzaría a enseñarle hasta los seis años (aunque en mi fuero interno estaba absolutamente convencida, de que eso no sería necesario ya que un buen día y mucho antes de llegar a esa edad, se pondría a leer él solo) y poco más. Dicen que yo aprendí siendo muy pequeña y al ir al colegio, a los cinco años, ya sabía leer, escribir, sumar, restar. Todo lo básico lo había aprendido en casa y aunque mi madre era maestra, asegura que nunca hizo nada especial para enseñarme, ni me estimuló precozmente, ni utilizó fichas, ni nada por el estilo, sino que fue algo muy natural.
Mi niño llegado su momento gateó, anduvo, comenzó a hablar, a preguntar el por qué sobre todo lo divino y humano, dejó los pañales, dejó el pecho e incluso aprendió a patinar, a montar en bicicleta, a subir a los árboles, a conocer las plantas y animales de nuestro entorno etc....Era sorprendentemente precoz para muchas cosas y como todos los niños muy curioso.
Desde bebé yo le leía mucho en voz alta y a él le encantaba y me pedía incansablemente más...más...más. Leíamos libros asombrosamente complejos para su edad y ¡los comprendía perfectamente!, hablábamos sobre ellos y en esto y en otros muchos quehaceres, pasábamos nuestros días ¡¡¡tan relajados entonces!!! Una de sus ocupaciones favoritas era y sigue siendo, el estar con libros, siempre tuvo acceso a casi todos los libros de la extensa biblioteca familiar, de bebé los utilizaba para hacer rampas, torres, carreteras, para subirse encima y enseguida comenzó a ojearlos y ocupaba mucho, mucho de su tiempo mirándolos, pasando las páginas, observando las ilustraciones etc… .Fue cuándo cumplió los seis años que caí en la cuenta de que jamás me había preguntado eso que se supone preguntan todos los niños en algún momento: ¿mamá qué pone aquí? O ¿mamá que letra es esta? Ni por supuesto me había dicho que tuviese el más mínimo interés en aprender el arte de la lectura o la escritura. Cuándo le leía en voz alta yo iba pasando mi dedo índice, por la palabra que leía en ese momento y pensaba que de ese modo, rodeado de libros y de amantes de la lectura, sin televisión, con cartelitos por toda la casa y siendo tan “inteligente” (je,je…a ver que madre como Dios manda, no está convencida de lo guapo e inteligente que es su retoño) aprendería prácticamente solo.
Pero en este caso ni mi intuición de mujer ni la de madre acertaron y sin saber muy bien como, me vi "obligada" a “enseñar” a mi niño al ver que él no tomaba la iniciativa (ahora no lo haría, pero en esos momentos creo que necesitaba demostrar al mundo que la educación en casa funcionaba y claro permitir seguir siendo analfabeto a mi único alumno no era algo que me otorgase demasiada credibilidad)
Y me encontré con un hueso duro de roer, en seguida comprendí que me enfrentaba a una tarea muy difícil pues el muchachito no mostraba interés alguno, no progresaba prácticamente nada, era una tarea casi imposible conseguir que copiase una palabra escrita con letras mayúsculas, no era capaz de recordar como se escribía su nombre, de un día para otro. Yo no podía entender que fuese perfectamente hábil pelando un palo y tallándolo con una navaja y no pudiese escribir una letra legible. Su psicomotricidad era muy buena, se expresaba correctamente, tenía un nivel de comprensión asombroso ¿qué es lo que pasaba?
Sólo tenía seis años pero empecé a inquietarme y de repente todos mis intereses oscilaban en torno a la enseñanza y aprendizaje de la lectoescritura y leí todo lo que no había leído antes y me informé y pregunté y probé todos los métodos posibles con mi “conejillo de indias”, bueno tal vez me dejé alguno… y el tiempo iba pasando y mi bebé de siete años escribía su nombre y poco más y fue entonces cuándo en mi búsqueda, me topé con Doman y al leer alguno de sus libros comencé a sentirme fatal por no haber estimulado a mi hijo cuándo era bebé con los bits. Con ese tipo de métodos la madre siempre es culpable, de no haber hecho lo suficiente, de haberlo hecho mal o a destiempo. (Hace unos días leí un artículo que me gustó mucho de Perla y que trata sobre esto que comento)
Sentí mucha rabia y frustración pero me dije que nunca es tarde y durante algunos meses comencé a pasarle las tarjetitas e intentaba convencerme de que en breve tendría un lector voraz, le mostraba las palabras religiosamente tres veces al día (insistían en que había que hacerlo de una manera divertida…es ridículo y prácticamente imposible hacer que algo tan aburrido y monótono sea ameno o divertido para los niños) Yo saltaba, cantaba, hacía el tonto y me abstenía como asegura Doman de preguntar a mi hijo ¿qué pone aquí? Pero él me decía de vez en cuando ¿para qué hacemos esto? con una cara de resignación el pobre….pero a los seis o siete meses ya no podía aguantar más y decidí comprobar qué había aprendido y cuando le mostré el cartelito que pone mamá escrito en enormes letras rojas, se quedó mirando el cartel como la vaca que mira al tren y me dijo: “no se” y yo con desesperación:¡¡¡¡ hijo inténtalo!!!! Y entonces arrugaba el ceño y decía como adivinando: “pone amam, no no pone aamm, no espera pone maam…y al rato decía ah!!! Pone mamá.
¡¡Bueno!! Pensaba yo que soy optimista por naturaleza....“parece que esto no es tan rápido como aseguran pero…"
”al día siguiente era lo mismo y al siguiente y al otro….”
En seguida abandoné por puro aburrimiento, era un método tan frío, tan artificial, tan absurdo....siempre lo sentí así, (aunque he de reconocer que a mucha gente le ha ido bien con él), pero cuándo alguien está desesperado se aferra a un clavo ardiendo…y yo con razón o sin ella lo estaba, había mucho de orgullo, de mi autoestima (no ser capaz ni de enseñar a un niño a leer), el qué dirán, mis expectativas que no coincidían con la realidad….
Entonces pasé un momento de crisis total, pues de la misma manera que al principio pensaba que el niño me tomaba el pelo, ahora se me metió en la cabeza que mi hijo debía tener un grave trastorno y pasé de considerarlo superinteligente a creer que era retrasado mental. Recuerdo como lloraba y martirizaba a mi marido (él siempre decía que le dejase tranquilo, que era taaaan pequeño) Repasaba mentalmente todo lo que hubiese podido traumatizarle de bebé y seguía culpabilizándome por todo, por aquél día que le dejé llorar, por no haberle cogido más, por haber tenido otro hijo tan pronto, pero tampoco encontraba nada tan sumamente grave, que hubiese podido causarle un trastorno de semejante gravedad. A todo esto la presión externa era terrible, casi todos (en el entorno familiar, los de fuera se mantenían lógicamente, al margen de la “tragedia”) consideraban que era extremadamente espabilado e inteligente y si seguía siendo analfabeto era por tener una madre irresponsable, que se obstinaba en no llevarle al colegio donde le enseñarían. Pero llegó un momento en el que el escándalo era tan grande que ya no se hablaba de ello, ya nadie preguntaba si Salvador leía o no, era como un estigma o una vergüenza que todo el mundo conoce pero de lo que no se puede hablar. Algo así como las madres solteras de antaño....
Sobre los ocho años empezó una etapa mucho más relajada pues yo ya había perdido toda esperanza y solo esperaba el “milagro”, me abandoné pues ya no se me ocurría de qué modo podía ayudarle.
Empezó a ir a catequesis de primera comunión y me sorprendió que lejos de sentirse mal por no tener el mismo nivel que sus compañeros, enseguida destacó por ser el único que “sabía latín”, por conocer el nombre científico de plantas y por saber tantas cosas. (Los niños homeschoolers desde bien pequeños llaman la atención por su originalidad, no es que tengan más conocimientos que los niños escolarizados, sino que saben cosas diferentes a las que marca el MEC)
Me preguntaban a qué colegio iba y al decir que se educaba en casa, se sorprendían gratamente y me comentaban lo maduro, educado y responsable que era.
Por entonces también contacte con personas maravillosas que me dijeron que casi con toda seguridad Salvador podría ser disléxico (nunca le he llevado a ningún especialista). La verdad es que tenía algunos de los síntomas y realmente este “diagnóstico” me tranquilizó mucho (y a toda la familia) ya que no era por mi incompetencia, yo no lo había hecho tan mal, sencillamente era que él tenía un don y que veía el mundo de otra manera y necesitaba aprender de otro modo. Einstein, Edison, Leonardo Da Vinci, Walt Disney, o Graham Bell eran disléxicos y habían tardado mucho a aprender a leer y escribir. De nuevo volví a pensar en mi hijo como un genio, eso si un genio despistado, caótico y maravilloso…Entonces y muy poco a poco dejó de preocuparme si leía o no, si invertía las letras y me convertí en su secretaria. Me di cuenta de que no pasaba absolutamente nada por leerle los enunciados de los problemas de matemáticas y que gracias a la lectura en voz alta mi hijo tenía acceso a la cultura igual o más que cualquier otro niño de su edad y empecé a convencerme de que efectivamente algún día leería fluidamente y que aunque así no fuese, tampoco pasaría nada .Al fin y al cabo a todo el mundo no tiene porqué gustarle lo mismo, hay personas que jamás leen un libro y no por eso son menos felices o peores personas.
Ahora mismo acaba de cumplir nueve años, en realidad es aún muy pequeño, no necesita para nada ni la lectura ni la escritura (para eso me tiene a mi). Escribe de una manera digamos que aceptable y lee muy despacio y con evidente dificultad por lo que sigo leyendo todo lo que me permite la vida.... para él y sus hermanos. Ahora lejos de ver esto como un problema, es una bendición ya que mi hijo escucha a Cervantes, a Machado o a Tolkien… autores que se hacen muy cuesta arriba a un niño de esa edad si no hay quién se los lea y siempre pienso que si hubiese empezado a leer por su cuenta a los cinco o seis años, casi con toda seguridad yo no le habría leído tanto, pues tal vez él mismo ya no lo demandase. Al fin y al cabo así ha sido a lo largo de los siglos, la cultura siempre se transmitió de manera oral…
Me gusta al empezar a leer, ver los ojos de mis niños abiertos como platos, sentir como disfrutan de los libros, el entusiasmo que les producen nuestras excursiones a la biblioteca, las largas conversaciones que fluyen gracias a las lecturas y no hemos de olvidar que el que ríe el último ríe mejor.
Y “resumiendo” esta es la historia de un lector.
Otro día contaré la de Gabriel, mi segundo hijo, que está aprendiendo prácticamente solo, es un proceso bastante más fácil y mucho más gratificante para él y para mí. Es exactamente lo que yo siempre había pensado que sucedería con mi mayor, que un buen día te sorprenden con que han puesto en el frigorífico con las letras magnéticas: “mamá te quiero” y otro les encuentras muriéndose de risa con un tebeo de Tintín y en otro momento les ves medio leer y medio inventar a su hermano pequeño, un cuento. Todo ello de una manera muy sencilla y natural, igual que cuándo aprenden a andar, a gatear, a hablar.
Tanto uno como el otro consideran que es normal lo que hacen y el nivel que tienen, aquí lógicamente no hay listos ni tontos, ni avanzados ni lentos, cada uno va a su ritmo, cada uno es único e irrepetible, maravillosamente diferente al resto de los hermanos y al resto de los humanos. Es un privilegio estar viviendo estos procesos en familia y aunque reconozco que en un momento dado estuve confusa y presioné a mi hijo parece que su autoestima no ha sido dañada.
Durante estos años he ido sacando algunas conclusiones:
• No se si existe la dislexia, ni tan siquiera si existen los trastornos de lectoescritura, he hablado con personas que trabajan en escuelas libres, en escuelas en las cuales a los niños no se les presiona, ni se les anima, ni se les motiva, ni se les insinúa que ya tienen edad de aprender a leer o escribir. En todas estas escuelas o familias hay un buen número de niños analfabetos de 7 u 8 años, pero no hay ni uno solo de 13 o 14. Ninguno tiene dificultades de adulto y no se aprecia diferencias significativas entre los que comenzaron a los 5 y los que no se soltaron hasta los 10.
• Hay niños de 6 años que no saben montar en bici, o que no saben nadar, o que no saben trepar....pero no existe una etiqueta para estas dificultades o problemas, pues no existen como tal. Nadie en su sano juicio considera un problema que su hijo utilice ruedines con siete años....ya dejará de hacerlo y si no...pues no pasa nada. ¿Por qué no ocurre lo mismo con las letras o los números? ¿Por qué no podemos dejar a los niños en paz?
• Si un niño no está maduro podemos "motivarle", "presionarle", "obligarle", "castigarle", "premiarle"...todo es inútil. Ya lo decía Rousseau hace un montón de años: "Han convertido en asunto fundamental la búsqueda de los mejores métodos para aprender a leer, se inventan escritorios, mapas, se hace de la habitación de un niño un taller de imprenta..... ¡Qué lástima! Un medio más seguro que todos esos, y que siempre se olvida, es el deseo de aprender. Dad al niño ese deseo, luego olvidaos de vuestros escritorios y vuestros dados: cualquier método será bueno para él." "Emilio sabrá leer y escribir a la perfección antes de la edad de diez años, precisamente porque me importa muy poco que lo sepa antes de los quince; pero preferiría que no supiera jamás leer antes que comprar esa ciencia al precio de todo lo que puede hacerla útil"
• Por el contrario si un niño está preparado y tiene interés por muy mal que lo hagamos y a pesar de nosotros, aprenderá. En cierta ocasión conocí a una mamá que tenía claro que su hijo tenía que ser niño y jugar y que algún día tendría tiempo de aprender cosas serias. Por ello llevó a su hijo a una escuela Waldorf (en estas escuelas no se enseña a los niños las letras hasta por lo menos los seis o siete años). Mientras sus compañeros de clase trepaban a los árboles o corrían detrás de las gallinas de la escuelita, el niño en cuestión aprendía a escribir con un palito en el suelo, a pesar de las maestras y su madre que le decían que dejase eso, que ya aprendería cuándo fuese más mayor, pero el niño no era feliz pues quería aprender a leer, a expresarse mediante la escritura, a tocar el violín y odiaba estar al aire libre jugando todo el día con la tierra y los palitos. La madre muy apenada, apuntó a su hijo a un colegio “normal” y por las tardes en el conservatorio de música. C´est la vie...
Desde aquí agradezco de todo corazón, la paciencia infinita que han tenido conmigo, Perla, Jacqueline, Ipe, Yenia, Gema, mi esposo, mi madre, Esther y los buenos consejos que de ellos recibí en todo momento.
21/10/09
13/10/09
EL EXTRAÑO
11/10/09
JABÓN CASERO
Lo de transformar aceite usado en jabón se está convirtiendo en todo un vicio, ya hemos hecho unas cuantas "hornadas" e incluso nos hemos atrevido con aceite de oliva sin utilizar para el cuidado personal.Algunos han salido bien (los de la foto) y algunos otros tienen peor aspecto pero todos se han podido aprovechar. Lo utilizo para limpiar toda la casa, que efectivamente, queda impecable y con un agradable y natural olor, para la lavadora (he probado con el lavavajillas y no queda demasiado bien). Rallándolo y con agua muy caliente se puede utilizar estupendamente para los suelos, la limpieza de los baños, encimeras, muebles etc...(Lo de rallar al principio se me hacía cuesta arriba, pero mira tú por donde me han salido tres voluntarios que se pelean para hacerlo...)
- 3 litros de aceite usado o nuevo si es para uso personal
- 3 litros de agua (dejarla en un recipiente 24 horas antes de utilizarla)
- 1/2 Kg de sosa cáustica (manipular con extremo cuidado, guantes como poco, también recomiendan utilizar mascarilla)
Calientas el agua y antes de hervir le echas la sosa en escamas, despacito y con cuidado ya que puede saltar y lo disuelves bien con una espátula. En otro recipiente tienes el aceite que se puede calentar para que esté a la misma temperatura del agua con sosa. (Lo ortodoxo creo que es que esté como a unos 40º C) Se va echando el aceite despacio para que no se corte en el agua y a remover.....siempre en la misma dirección hasta que vaya cambiando la textura (como mayonesa) y el color (más blanco) Hay quién habla de dos horas removiendo (yo lo hice la primera vez),pero en tan sólo unos minutos lo puedes conseguir con la batidora eléctrica a la mínima velocidad. En ese momento pones el jabón en cualquier molde (si el molde es de madera o cartón forrarlo de plástico para poder sacarlo luego con facilidad) .Cuándo tenga una textura como de mantequilla, lo cortas y luego a las 24 o 48 horas lo desmoldas y lo dejas curando en una caja de cartón, tapado con un paño(en algún lugar aireado) y lo vas moviendo de vez en cuando hasta que este completamente curado y listo para ser utilizado, cosa que sucede aproximadamente al mes. Parece ser que cuánto más tiempo cura, en mejor jabón se convierte pero yo no aguanto mucho y al mes exacto ya estoy dándole uso.
Esto es lo más básico y a partir de aquí existe todo un mundo de posibilidades, utilizando diferentes aceites, colorantes, lácteos, cereales, esencias..... para hacer maravillosos jabones de tocador, pero de todo eso aún no se nada, nadita, aunque investigando estoy. (Si alguien que entiende del tema me lee tal vez se horrorice de mis explicaciones tan rudimentarias, pero tan sólo cuento mis primeros pasitos de bebé, no pretendo enseñar a nadie ya que toda la información la he ido sacando de Internet y un poco de mi escasa experiencia.)
Y ojo que produce adicción....



