"Mi abuela quería que fuese una mujer culta, por eso no me llevó a la escuela" M. Mead

21/11/09

"¿Qué es la vulgaridad? La dictadura del egoísmo, la servidumbre de la rutina y la indiferencia por las grandes cosas. No es la ignorancia, ni la escasez de inteligencia, no es la cortedad de vista intelectual, sino la de horizonte. El hombre vulgar puede ser discreto, culto, dotado de talentos, genial y hasta retumbante en la sociedad; pero el nivel en que se complace su espíritu no se levanta sobre las cosas pequeñas, o, por mejor decir (pues lo infinito lo penetra todo y lo engrandece), sobre una contemplación pequeña de las cosas. Llama a la abnegación candidez, locura al sacrificio, a la lealtad torpeza, o vive al menos cual si se lo llamara, y perpetuamente embebido en el culto de los más triviales intereses, ni su propio espíritu se salva de aquel desdén universal hacia todo lo superior, de que apenas se sabe y que ampara y excusa con el ejemplo de otros tantos…..Sólo conoce lo que le aprovecha, y, en los conflictos en que las almas se destrozan, se aparta confesando que él “no es de la raza de los héroes”.
Pero de “héroes” no hay raza: todos podemos y debemos serlo. Todos lo somos, con sólo romper el yugo de la vulgaridad."



Francisco Giner de los Ríos. “Teoría y práctica” 1877




15/11/09

Pedagogía del contagio


“La pedagogía es el campo idóneo para fomentar la virtud básica de la magnanimidad o grandeza. ¿Cómo influir en la personalidad profunda, en el pathos del niño?
Desde luego, no es posible mediante razonamientos. Lo que hay que hacer es aprovechar la mutua influencia entre la vitalidad y el alma. El amor es deseo de unión, de integración, que, reiteramos, es la idea clave de la salvación. Al darle amor al niño se generará a su vez en él, amor hacia el mundo y hacía sí mismo. Su correlato sentimental es la alegría, la audacia..…signos inequívocos de vitalidad ascendente, rebosante de energía.
Si conseguimos suscitar estos sentimientos en el alma infantil, éstos reobrarán sobre la fuente de vitalidad, al modo de las corrientes inducidas, generando un aumento de la misma. Este aumento, a su vez, refluirá en nuevos sentimientos amorosos, estableciéndose así una retroalimentación positiva o círculo virtuoso de magnanimidad. Ahora bien ¿cómo suscitamos esos sentimientos en el alma del niño? Por contagio, es decir, por simpatía. Tres son las sugerencias de Ortega:

•Colocar al niño en ambientes y con personas entusiastas (todos hemos experimentado alguna vez la sensación tonificante que da estar en compañía de una persona animada)
•La narración de mitos sugerentes, como el de Ulises y Hércules y
•La puesta en contacto con obras de arte (música, pintura, escultura, arquitectura, etc…) que susciten emociones de alegría y audacia.
Es la pedagogía del contagio. Por las mismas razones hay que evitar los ambientes, las narraciones y el arte que susciten emociones de tristeza ya que producirían un efecto contrario en el alma infantil: la pusilanimidad.
La alegría es signo de alma grande; por eso hablamos de “alegría desbordante”. En el niño se traduce en juego. El temple jocundo (lat. Jocus, juego) es el propio de la infancia. El exceso de energía vital permite un gasto extra en esa actividad superflua, más allá de lo necesario para la mera supervivencia. El juego es el valor y el tesoro de la niñez, pues reune incoativamente algunas características fundamentales de lo que será una conducta elegante:
•Libérrima (juega espontáneamente, sin que nadie le obligue)
•Imaginativa y creativa (inventa nuevos mundos virtuales sobre su circunstancia)
•Superflua o lujosa (gasta energía en un esfuerzo que no le reporta más beneficio que el placer del propio esfuerzo)

Fomentar el juego en el niño será, pues, aumentar su capacidad de elegancia….”


SALVACIÓN Y ELEGANCIA DE LA VIDA
La metafísica ética de José Ortega y Gasset
Álvaro Bastida Freijedo
Revista digital "Razón Vital"

11/11/09

la lógica de los niños





Gabriel está resolviendo unas sumas y dice en voz alta:



10 + 6 = 16,
10 + 4= diez y cuatro
.

09/11/09



08/11/09

Las 15 acusaciones

Artículo publicado en la revista CRIAR:
"En un mundo como el nuestro, que desprestigia la maternidad y la crianza, parece que el cuidado de los bebés y niños es un hecho anecdótico y aislado en la historia de la persona, que no tiene influencia más allá de la infancia, y por supuesto ninguna relación con la sociedad.
Vivimos como si funcionase así porque actualmente predomina una crianza mecanizada: de biberón en vez de lactancia, de chupete en vez de consuelo, brazos o teta, de guarderías en vez de madre, de cunas alejadas de la habitación de los padres, de muñecos que imitan el latido cardiaco, de hamacas y columpios varios, de cámaras para vigilar al bebé en la distancia, de CDs de nanas o susurros, etc.
Sin embargo, la crianza sí influye en la edad adulta y por tanto en toda la vida de la persona, y sí determina el cómo es la sociedad. Y sus consecuencias son de tal envergadura y profundidad que llegan a explicar el grado de violencia que vive cada cultura.
A pesar de otro tipo de factores como genéticos, económicos, etc. la variable que mejor define el nivel de equilibrio emocional de una sociedad es el tipo de cuidado que dispensa a sus niños y a las personas de quien depende, su familia. Y nos encontramos entonces con 2 grandes grupos de modelos de crianza y de vida: violentos o pacíficos.
La diferencia entre ellos radica en el tipo de parto, la separación temprana madre-bebé, la existencia de lactancia prolongada o no, el respeto a las necesidades de los niños de día y de noche, el contacto piel con piel que se establece, el número de adultos-cuidadores por niño, la rapidez de respuesta ante el llanto,… y en definitiva, en si existe una crianza de apego o desapego.
Los pueblos poco afectivos con sus crías y con poco contacto piel con piel presenta altos niveles de violencia en la edad adulta. Sin embargo la agresividad es casi nula entre los pueblos que mantienen un contacto muy estrecho y continúo con sus hijos.
Los antropología han constatado este hecho innumerables veces, pero, por si quedaba alguna duda, la moderna psiconeuroendocrinología también lo ha confirmado y justificado: a menor contacto con un bebé, menos protegido y más temeroso se siente y más adrenalina segrega su cerebro. En cambio, a más afecto, contacto y amor, más se activan los circuitos cerebrales de la serotonina.
Teniendo en cuanta la plasticidad cerebral de los primeros años de vida, y cómo las experiencias modelan la arquitectura neuronal y la personalidad del adulto, el predominio de una u otra hormona crea individuos distintos. El contacto físico y emocional constante con la madre (la primera fuente de amor) es lo que asienta los sistemas cerebrales del placer y crea personas seguras, confiadas y amorosas. Cuando el niño no recibe el afecto que necesita se crea una cultura basada en el egocentrismo, la violencia y el autoritarismo.
Cada autor lo ha nombrado de forma diferente: desamparo aprendido, indefensión, aprendizaje de la impotencia, desesperanza, sumisión, … pero en el fondo todo es lo mismo: sufrimiento y resignación, que determinan una actitud fría hacia el mundo y hacia los demás y que sólo en determinadas circunstancias pueden ser revertidos.
Podríamos creer que todas estas teorías de las hormonas y el apego sólo funcionan con tribus remotas y no en una sociedad con mp3, cirugía estética, hipoteca y rayo láser. Pero no es así.
Esa adrenalina y agresividad nos define también a nosotros y explica el grado de devastación al que hemos sometido a la Naturaleza, el injusto orden internacional, las cifras de miseria y hambre, y la violencia entre los países y en el seno de las propias familias.
¿Cómo hemos llegado a esto? Aunque las explicaciones son múltiples, la más potente y brillante (para el sistema) ha sido perturbar la relación madre-hijo que la naturaleza ha previsto para velar por el desarrollo físico, emocional, intelectual y social de una persona.
Atacando el apego desde la raíz se consiguen ciudadanos vulnerables, siempre necesitados y anhelantes de algo más, desorientados, sumisos y dependientes de una sociedad consumista y devoradora.
Pero para lograr una ruptura tan radical se necesita un engranaje de diferentes actores que consigan cegar totalmente el juicio y el instinto de las madres. Lo consiguieron. Y estas son mis 15 acusaciones:
1. Acuso a la industria farmacéutica de haber convertido todos los procesos naturales de la mujer en enfermedades tremendamente rentables: menstruación, anticoncepción, embarazo, parto, lactancia, crianza y menopausia.
2. Acuso a la píldora anticonceptiva (y todos los productos hormonales en general en mujeres sanas) de haber alterado totalmente nuestro delicado equilibrio endocrino y de robarnos los mensajes intuitivos que llegan del inconsciente con las diferentes fases del ciclo menstrual femenino, por la relación entre ovarios, determinadas hormonas y actividades de hemisferios cerebrales. Este es uno de lo problemas de base sorprendentemente ocultado. Las mujeres no se desconectan en el parto de sí mismas por primera vez, sino que llevan años desvinculadas de la sabiduría femenina ancestral y más unidas a un laboratorio que a su propio cuerpo.
3. Acuso al negocio de la fecundación artificial de aprovecharse de las mujeres desesperadas por concebir y someterlas a dolorosos, caros y largos procesos, en vez de analizar las causas verdaderas (y subsanables) del fracaso en los embarazos, y que nos obligarían a replantearnos el ritmo y el estilo de vida que llevamos a todos los niveles.
4. Acuso a la industria de la alimentación de su macabra y eficaz estrategia para convencer a medio siglo de mujeres y conseguir que la leche de un animal (cuyo cerebro es mucho menor que el humano) tratada químicamente, suministrada en plástico, y por manos frías, muchas veces, haya suplido al calor, amor y el milagro de una teta blandita. Este triunfo económico ha significado una condena a muerte a millones de niños en países poco desarrollados, y alto riesgo de enfermedades, menos nivel cognitivo y desapego en los países ricos. Ausencia de lactancia significa ausencia de oxitocina y menos enamoramiento madre-hijo, y a partir de aquí una larga cadena de conductas artificiales.
5. Acuso al sistema obstétrico de haber convertido la normalidad del parto en patología, de haberlo medicalizado hasta el delirio de 50% de cesáreas en algunos países, de no haber respetado la extrema fragilidad del recién nacido y de haber convertido el sagrado acto del nacimiento en una mera extracción y manipulación de bebés.
6. Acuso a los pediatras de haber confundido sus creencias y prejuicios con la verdadera ciencia, de haber frustrado millones de potenciales lactancias exitosas con falsas normas, de haber convertido en enfermedad una pauta de sueño mamífera y de anteponer sus criterios a las recomendaciones de la OMS.
7. Acuso a los neurólogos y psiquiatras de sobre-diagnosticar la hiperactividad, y de drogar y anular a una generación de niños (a pesar de los constatados y denunciados efectos secundarios) con Ritaline/Rubifren: la cocaína pediátrica
8. Acuso a los psicólogos de medrar a costa de todos los errores del sistema en crianza, de no hacer honor a su nombre (psiqué=alma), de crear teorías que han justificado la continua domesticación de los niños anulando el leve instinto materno que quedaba (sobreprotección, falta de límites, permisividad por consentir demasiado, malcriar, etc.), y de haber inventado una falsa socialización temprana que no existe hasta mucho más tarde ( 6-7 años cuando queda establecida la lateralidad cerebral).
9. Acuso a los falsos gurús de crianza: Spock/Ferber/Valman/Estivill y secuaces conductistas de hacer apología de métodos de socio-tortura y vender insensibilidad, crueldad y falta de respeto hacia los niños. Si hubiese un Tribunal de la Haya Emocional, todos estos personajes habrían sido condenados por sufrimiento a la Humanidad.
10. Acuso a las feministas clásicas de haber mutilado a las mujeres humillando nuestra feminidad y maternidad, y de haber vendido a nuestros hijos por una falsa liberación que simplemente fue un cambio de lugar de opresión, y que perpetuó y potenció el sistema y los valores dominantes: masculinidad, competencia, depredación, jerarquía. Nunca hubo ninguna revolución social, sino un continuismo con otra cara. Sí es compatible el trabajo y la crianza, pero para eso hay que transformar el sistema y no abducirnos a nosotras y abandonar a las criaturas.
11. Acuso a las revistas femeninas de fomentar modelos de mujeres descerebradas, consumistas, siliconadas, hipersexuales que cuando tienen hijos se convierten en madres virtuales que atienden por control remoto a sus criaturas a golpe de Visa y continúan con su estresante vida sin inmutarse ni un tacón.
12. Acuso al sistema educativo de precocidad, de tener planes obsoletos que no responden a las verdaderas necesidades de aprendizaje a través del juego y la libertad de expresión, de fomentar la sumisión y obediencia e impedir los procesos de pensamiento independiente y creativos que permiten encontrar el propio camino en la vida .
13. Acuso a toda la sociedad de ser adultocentrista y haber excluido a los bebés y niños de la vida diaria, de infravalorar la maternidad y crianza considerándolo una pérdida del talento de la mujer pero sí valorar a ésta como productora dentro del sistema económico (ni como reproductora ni como cuidadora).
14. Acuso al estado de Bienestar de haber secuestrado la vida de los bebés encerrándolos en guarderías tempranas que se convierten así en una especie de “orfanatos de día” bien decorados, mientras obliga a sus dos padres a trabajar lejos de casa para subsistir en un modelo de vida asfixiante, de haber pasado del concepto de “se necesita una aldea para criar un niño” a la soledad y el desamparo de 8 bebés por cuidadora, de tener unas políticas de conciliación familiar-laboral miserables, de ausencia de ayudas familiares decentes, y evidentemente de haber creado una sociedad del malestar en la que según la OMS en el 2020 la depresión será la segunda enfermedad.
15. Y por supuesto, acuso a las mujeres de no escuchar su corazón ni su instinto, de haber sacrificado a sus hijos para que el sistema los devore (porque ellas ya lo estaban), de acceder a la maternidad y parto con muy poca información y por tanto con una actitud de niñas dóciles que delegan su papel en los demás, de no luchar o exiliarse de este injusto modelo económico ni siquiera dentro del hogar, sino de dirigir la rabia y frustración (consciente o no) contra sus hijos, insensibilizándose ante su llanto y llamadas nocturnas, de obsesionarse por el adiestramiento y las normas (que en el fondo les ayudan a ellas a tener una estructura y orden y a desculpabilizarse de su abandono real), y de centrar todas sus fuerzas en aspectos externos al hogar.
Estos 15 agentes han hecho que llevemos varias décadas con una crianza impregnada del espíritu light de Herodes: subestimar la importancia de satisfacer plenamente los instintos y necesidades de la infancia, y han creado una sociedad DES-MADRADA, no amorosa, no segura de sí misma, no empática con los demás, que es la causa del estado actual de la Tierra.
Afortunadamente esta situación nunca ha sido 100% generalizada y siempre ha habido pediatras, neurólogos, ginecólogos, comadronas, psicólogos, revistas, colegios y madres y padres disidentes de la crianza oficial, que han sufrido muchas burlas, incomprensiones y zancadillas sociales, pero que han mantenido la luz encendida para todos los que venían detrás con los ojos abiertos.
Ese modelo de desapego nos ha obligado a estudiar e informarnos en profundidad (a veces más que muchos profesionales), nos han obligado a citar continuamente a la OMS, a husmear en los estudios antropológicos, a entender el efecto del cortisol y la alteración de la amígdala, a comparar diferentes culturas, a conocer las ayudas de maternidad del norte de Europa, etc. Pero nos han hecho fuertes.
Y por ello, ha llegado la hora de dejar de justificar la crianza mamífera como preferencia caprichosa personal, y de trasmitir que es la única salida posible para el planeta. Y podemos gritar con orgullo que las evidencias científicas, el instinto, la historia del mundo, el corazón y la Ética están de nuestro lado.
Estamos en un NUEVO PARADIGMA que es el de la maternidad consciente, vocacional y amorosa en total consonancia con otras transformaciones sociales: alimentación más sana, respeto y preocupación por el medio ambiente, auge de las medicinas naturales y alternativas, energías verdes, nuevas formas de espiritualidad, etc.
La pregunta ahora no es qué tipo de crianza eliges, sino en qué tipo de mundo quieres vivir: en el actual de niños y padres separados, dominio de la adrenalina y la frustración, o en un mundo de oxitocina, amor, fusiones emocionales y bienestar.
La Política tendrá que hacer sus deberes y subir el PIB de ayudas a familias del 1’1% actual (en España) a más del 2% que es el nivel europeo, aumentar la baja de maternidad, fomentar la creación de espacios familiares, grupos de maternidad y ayuda mutua en el cuidado para compensar el aislamiento y soledad de tantas familias en nuestra sociedad, etc.
Pero las que verdaderamente debemos cambiar el estado de cosas y la mentalidad social somos nosotras: las propias mujeres.
La mujer que gesta y trae al mundo un hijo también gesta de alguna manera la sociedad. En su embarazo, parto, lactancia prolongada y apego con su hijo se gesta la salud física, emocional del niño, su capacidad de amar, de relacionarse con el mundo, su respeto a la vida, su alegría de vivir y su dignidad. Esto es sencillamente: PODER, y, para evitar que lo tengamos, han hecho todo lo posible por desapegarnos de nuestros hijos, ya que los humanos criados de esta manera son sabios y no comulgan con un modelo de sociedad basado en tantas mentiras e injusticias.
La lactancia es el acto más subversivo contra la sociedad actual: es gratuita, crea hijos sanos y felices, colmándoles el estomago, el corazón, los chakras y el alma. En la lactancia hay una parte que todavía no nos han explicado y es la LACTANCIA CUÁNTICA, la unión entre el bebé y el Universo a través de la madre. La lactancia es la alquimia de la vida y es la transmisora del conocimiento ancestral de millones de mujeres a través de una cadena energética de amor. Por ello, hay que defenderla, normalizarla y apoyar su uso como medida prioritaria.
Ahora parece que somos pocos, como una insignificante ola en medio del océano, pero seremos millones, y esa ola se convertirá en un tsunami que cuando llegue a la costa arrasará el Sistema. Los nuevos tiempos nos acompañan.
Otro mundo es imprescindible y está al alcance de la mano con tan sólo tres requisitos: oxitocina, apego y conciencia."

03/11/09

Los niños y la televisión


Aunque llevo bastantes años viviendo sin televisión, ella siempre estuvo presente en mi vida y nunca me cuestioné nada acerca de la misma, era lo habitual.....mirar la tele después de hacer los deberes del cole, los domingos y los sábados después de comer...lo que hacían o hacen todavía la mayoría de niños, jóvenes y adultos de nuestra sociedad. La televisión es algo bastante universal, la encuentras en casas de personas ricas, pobres, cultas, ignorantes, conservadoras, liberales, de una u otra tendencia política.... La primera vez que oí que algunas personas nunca veían la tele, fue en la facultad y se trataba de algunos profesores despistados y frecuentemente absortos en sus investigaciones y estudios. Ello me producía cierta sorpresa pareciéndome curioso e incluso simpático…. pero al fin y al cabo eran filósofos, siempre un tanto chiflados y fuera del mundo…
Cuando mi marido y yo nos casamos, al organizar la casa no reparamos en la televisión, era algo que nos traía sin cuidado ya que la vida en el campo tampoco te deja demasiado tiempo libre…siempre hay algo que hacer y además bastante más, sino atrayente, al menos más urgente.
Heredamos una muy antigua de mis padres que desecharon al mudarse, la colocamos en un rincón del salón (en el suelo) y ahí estuvo un tiempo. Algunos familiares “preocupados” por nosotros nos dieron dinero para comprar un artefacto en condiciones y nosotros que veíamos muy bien un canal o dos…pensamos que a ese dinero le podíamos dar mejor uso, por lo que nunca llegamos a tener una tele mejor. Cada vez se veía menos y cuando nuestro hijo mayor tenía unos dos o tres años en un "destrasteo compulsivo" que me afecta en cada embarazo, convencí a mi esposo para que la donase y de esta manera tan sencilla nos libramos del extraño.
O sea que en realidad no fue algo muy pensado ni meditado sino más bien algo que nos llegó, parece ser que más pronto o más tarde tenía que salir de nuestras vidas…
Aunque hay que reconocer que es muy poco habitual vivir sin una tele en casa, esto no quita que algunos hayamos logrado sacarla de nuestros hogares y cada día nos encontremos más felices de pertenecer a esta minoría. Y estas son algunas de nuestras razones:
• En nuestro deseo de proteger a los niños y proporcionarles un ambiente adecuado para su desarrollo, consideramos la televisión como una amenaza y un peligro. Son pocos los espacios libres de violencia, agresividad, malas palabras, sensacionalismo, falta de respeto, manipulación, invitación al consumo desmesurado, sexo distorsionado etc.…
¿De qué me sirve educar a mis hijos en valores si luego los dejo ante las imágenes de la televisión, de los dibujos, de los anuncios? Selecciono cuidadosamente los libros que les leemos, los lugares a los que acudimos con ellos, las amistades, los ambientes, la música que escuchan, nuestras conversaciones…todo ello buscando que cada vez sean mejores personas y un poco más sabios. Y nada de esto ejerce una influencia tan tremenda como las imágenes televisivas, no hemos más que mirar a nuestro alrededor para ver como las niñas y los niños abandonan cada vez antes la infancia (quemando etapas preciosas) y se visten imitando a las cantantes, modelos, presentadoras e imitan sus maneras, sus ademanes, sus comportamientos, muchas veces con desastrosas consecuencias...
• La televisión siempre o casi siempre es motivo de “conflicto” en las familias, de hecho es frecuente que en muchas casas haya tantos aparatos como miembros tiene la familia, para que cada uno pueda ver lo que quiera…Termina distanciando. La tele reduce casi inevitablemente el encuentro y el diálogo.
• El tiempo que se le dedica, se le roba a otra actividad y bajo mi punto de vista, casi cualquier cosa es más rica y provechosa para el cuerpo y para el espíritu. La lectura, el juego, el diálogo, el trabajo, pero incluso el no hacer nada…puede ser pero que muy interesante.
• Yo creo en la autorregulación y se la permito y fomento a mis hijos, en la medida de lo que considero razonable. Pienso que sus cuerpos son sabios y saben cuándo necesitan ingerir alimentos o bebida (pero dándoles a elegir alimentos y bebidas sanas y naturales) También dejo que se pongan mayor o menor abrigo escuchándose a ellos mismos y no a mi, les dejo bastante libertad de movimientos, vamos que confío en ellos…pero discrepo absolutamente con los padres que equiparan todo lo mencionado con la televisión, el ordenador o a las consolas. Todo esto no es natural sino extraño y ajeno a la naturaleza humana. Yo puedo dejar a un niño que elija si quiere merendar plátanos, naranjas o pan con aceite…pero nada de esto se puede poner al lado de una bolsa de chuches, de chocolatinas o de patatas fritas. Parece muy obvio que no es lo mismo, pero yo he visto a padres que permitían a su hijo de 23 meses probar la cerveza para que se diese cuenta de lo amarga que sabía…padres que dejaban “¿libertad?” a sus niños. Y aunque ciertamente llegase ese momento en que se “empachasen” de tele y no quisieran más, ¿qué imágenes han visto? ¿de qué manera les ha afectado o impactado? La mayoría de las veces no hay un adulto al lado, además me imagino que si les interrumpes constantemente para mostrar tu desacuerdo finalmente es un sinsentido. Si no te gusta para qué lo ves. Si estás constantememente criticando o censurando la programación que ofrece la parrilla televisiva,lo más sensato parece apagarla o incluso ni encenderla. No entiendo que mucha gente siempre hable mal de la tele, no le guste nada que sus hijos estén “enganchados”, que pierdan tanto tiempo etc...pero en cambio ni se planteen regalarla, proponer otro tipo de actividades, hacer algo juntos como familia, algún voluntariado…las posibilidades son casi infinitas y se acabaron todos los problemas.


• Estoy convencida de que los niños tienen derecho a lo mejor, a todo aquello que les pueda nutrir, enriquecer, proporcionar seguridad y nosotros somos los que se lo hemos de proporcionar. Son organismos en pleno desarrollo, creciendo e impregnándose de todo lo que les rodea y la televisión suele generar sentimientos de inseguridad o de miedo, en muchas ocasiones por el sensacionalismo de las noticias. No es lo mismo hablarles de la guerra, leerles la noticia de un periódico, que presenciar una imagen para la cual no están preparados ni maduros. No todo es lo mismo, no todo vale y además no se puede decir: “lo observé y no pasó nada”, lo malo daña siempre. La filosofía que impera en los medios como la televisión es frecuentemente el dinero y nada más, aparte de intereses políticos o ideológicos determinados que casi con toda seguridad no son los nuestros.

• Ciertamente hay programas buenísimos y muchísimas familias maravillosas comprometidas con la educación de sus hijos que no les dejan solos ante las pantallas, que comentan con ellos, les enseñan a ser críticos y no creer todo lo que dice la tv, que seleccionan lo que van a ver, eligiendo tan solo aquello de calidad. Pero personalmente y en mis circunstancias actuales me parece un trabajo tan grande, que no me merece la pena, pues esos beneficios los puedo obtener utilizando videos o programas que puedo poner ocasionalmente en el ordenador y me evito la tentación de terminar utilizando la tv como niñera. No se trata de rechazar la tecnológia, sino tan solo de utilizarla en tanto en cuanto me beneficia.

• Tampoco creo que sea demasiado sano para los críos estar expuestos a la tele, sentados, pasivos…Y luego pasa frecuentemente que cuando no hay tele se aburren, no saben que hacer…Me recuerda a este relato que me encanta:
“Anoche mi mamá y yo estábamos sentados en la sala hablando de las muchas cosas de la vida… entre otras estábamos hablando del tema de vivir y morir.
Le dije: ‘Mamá, nunca me dejes vivir en estado vegetativo, dependiendo de máquinas y líquidos de una botella. Si me ves en ese estado, desenchufa los artefactos que me mantienen vivo. ¡PREFIERO MORIR!”
¡¡Entonces, mi mamá se levantó con una cara de admiración … y me desenchufó el televisor, el DVD, el cable de canal +, Internet, la PC , el mp 4, el cable de la cámara digital, la Play Station, la consola Wii , el teléfono fijo, me quitó el móvil, la web cam, la ipod y el tamagochi. y me tiró todas las cervezas y coca-colas!!!
¡¡CASI ME MUERO!!

• Hay también un motivo estético que no por frívolo he de ignorarlo, y es que no me gustan nada las televisiones por lo que no se donde ubicarlas y todavía ¡¡¡¡aquellas televisiones de antaño cuadraditas tenían su encanto!!!!!!, pero los “plasmas” de ahora no, nooooo y lo que más odio son las antenas y al vivir en una casa baja nuestro tejado tendría que llevar una de ellas, je,je…

Y estas son algunas de nuestras razones( aquí hay otras) para no tener tele, nunca se sabe si... tal vez... más adelante…Hasta ahora los niños nunca nos han pedido una (por lo cual todo es demasiado fácil), saben de su existencia pues la ven cuándo van a casa de familiares, de amigos, en restaurantes, en tiendas y ni que decir tiene que se quedan hipnotizados y es cuándo yo suelo bromear en voz alta y decirles: “¡¡¡¡pero chicos parece que nunca veáis la tele!!!!”

Ellos son conscientes de que en cada familia se tienen unas costumbres y que muchas de ellas difieren con las nuestras y ya está. Hasta ahora este tipo de cuestiones no les afecta, al fin y al cabo es obvio: Todos somos diferentes.




Estas familias las encontré aquí.

Esta es mi modesta contribución a la XIV edición del carnaval de blogs, propuesta en esta ocasión por Lau. (Creo que no haría falta mencionarlo, pero por si acaso y dado que es un tema controvertido, yo me he limitado a hablar de "mis razones", las que me funcionan en este momento y con mi familia, pero "yo soy yo y mis circunstancias" y lo que a nosotros nos sirve por supuesto que no es universalizable. O sea que ni intento sentar cátedra, ni juzgo a aquellas familias que hacen el uso de la tele que consideran oportuno y adecuado para ellas. Sencillamente a mi no me sirve y por ello me abstengo.)

"No todo lo que se nos da como bueno a priori, debe ser tomado sin pensar. Si cambiamos nuestra vida, cambiaremos el mundo y una humanidad fraterna será realidad"
Carmen Ibarlucea

28/10/09

Avisos varios sobre "educación en familia"

Hay una familia homeschooler residentes en California que van a pasar unos meses en España. Tienen dos niños de 10 y 7 años y una niña de 5. Estarán en nuestro país desde el 30 de Diciembre hasta el 7 de Junio aproximadamente, pasando un mes en cada una de las siguientes ciudades: Granada, Madrid, Barcelona, Bilbao y Santiago de Compostela. Son bilingües ya que Rebecca es estadounidense y su esposo mexicano, se consideran eclécticos a la hora de educar a sus hijos pero cada vez más inclinados al "unschooling". Les gustaría conocer a familias españolas que educan en casa, asi que os dejo su e-mail por si estáis interesados en contactar con ellos:




Por desgracia otra familia española que educa en casa tiene problemas legales, aquí toda la información.

23/10/09

ES LA HISTORIA DE UN LECTOR


Desde que supe que estaba esperando a mi primer hijo empecé a leer, sobre embarazos, partos, lactancia, crianza, alimentación y a medida que el cachorrito crecía, investigaba y leía lo que caía en mis manos sobre todo lo relacionado con la infancia, la educación, el control de esfínteres, el destete, los límites, la psicomotricidad, las escuelas alternativas, el homeschooling.... y podría seguir y seguir....


Siempre me preguntaba: ¿Cuándo dejaría los pañales? ¿Cuándo comenzaría a hablar? ¿A preguntar el por qué? ¿Cuándo se dormiría sin tomar pecho? ¿Cuándo sería independiente? Pero jamás, jamás de los jamases se me ocurrió leer algo sobre el aprendizaje de la lectoescritura (bueno miento pues leí un librito de Freinet) .Tenía más o menos claro, que no era necesario ni conveniente, estimularle con bits ni nada semejante, que respetaría su ritmo(claro que siempre nos resulta más sencillo respetar el ritmo de la liebre que el de la tortuga, aunque finalmente la carrera la gane esta última), que no comenzaría a enseñarle hasta los seis años (aunque en mi fuero interno estaba absolutamente convencida, de que eso no sería necesario ya que un buen día y mucho antes de llegar a esa edad, se pondría a leer él solo) y poco más. Dicen que yo aprendí siendo muy pequeña y al ir al colegio, a los cinco años, ya sabía leer, escribir, sumar, restar. Todo lo básico lo había aprendido en casa y aunque mi madre era maestra, asegura que nunca hizo nada especial para enseñarme, ni me estimuló precozmente, ni utilizó fichas, ni nada por el estilo, sino que fue algo muy natural.

Mi niño llegado su momento gateó, anduvo, comenzó a hablar, a preguntar el por qué sobre todo lo divino y humano, dejó los pañales, dejó el pecho e incluso aprendió a patinar, a montar en bicicleta, a subir a los árboles, a conocer las plantas y animales de nuestro entorno etc....Era sorprendentemente precoz para muchas cosas y como todos los niños muy curioso.

Desde bebé yo le leía mucho en voz alta y a él le encantaba y me pedía incansablemente más...más...más. Leíamos libros asombrosamente complejos para su edad y ¡los comprendía perfectamente!, hablábamos sobre ellos y en esto y en otros muchos quehaceres, pasábamos nuestros días ¡¡¡tan relajados entonces!!! Una de sus ocupaciones favoritas era y sigue siendo, el estar con libros, siempre tuvo acceso a casi todos los libros de la extensa biblioteca familiar, de bebé los utilizaba para hacer rampas, torres, carreteras, para subirse encima y enseguida comenzó a ojearlos y ocupaba mucho, mucho de su tiempo mirándolos, pasando las páginas, observando las ilustraciones etc… .Fue cuándo cumplió los seis años que caí en la cuenta de que jamás me había preguntado eso que se supone preguntan todos los niños en algún momento: ¿mamá qué pone aquí? O ¿mamá que letra es esta? Ni por supuesto me había dicho que tuviese el más mínimo interés en aprender el arte de la lectura o la escritura. Cuándo le leía en voz alta yo iba pasando mi dedo índice, por la palabra que leía en ese momento y pensaba que de ese modo, rodeado de libros y de amantes de la lectura, sin televisión, con cartelitos por toda la casa y siendo tan “inteligente” (je,je…a ver que madre como Dios manda, no está convencida de lo guapo e inteligente que es su retoño) aprendería prácticamente solo.

Pero en este caso ni mi intuición de mujer ni la de madre acertaron y sin saber muy bien como, me vi "obligada" a “enseñar” a mi niño al ver que él no tomaba la iniciativa (ahora no lo haría, pero en esos momentos creo que necesitaba demostrar al mundo que la educación en casa funcionaba y claro permitir seguir siendo analfabeto a mi único alumno no era algo que me otorgase demasiada credibilidad)

Y me encontré con un hueso duro de roer, en seguida comprendí que me enfrentaba a una tarea muy difícil pues el muchachito no mostraba interés alguno, no progresaba prácticamente nada, era una tarea casi imposible conseguir que copiase una palabra escrita con letras mayúsculas, no era capaz de recordar como se escribía su nombre, de un día para otro. Yo no podía entender que fuese perfectamente hábil pelando un palo y tallándolo con una navaja y no pudiese escribir una letra legible. Su psicomotricidad era muy buena, se expresaba correctamente, tenía un nivel de comprensión asombroso ¿qué es lo que pasaba?

Sólo tenía seis años pero empecé a inquietarme y de repente todos mis intereses oscilaban en torno a la enseñanza y aprendizaje de la lectoescritura y leí todo lo que no había leído antes y me informé y pregunté y probé todos los métodos posibles con mi “conejillo de indias”, bueno tal vez me dejé alguno… y el tiempo iba pasando y mi bebé de siete años escribía su nombre y poco más y fue entonces cuándo en mi búsqueda, me topé con Doman y al leer alguno de sus libros comencé a sentirme fatal por no haber estimulado a mi hijo cuándo era bebé con los bits. Con ese tipo de métodos la madre siempre es culpable, de no haber hecho lo suficiente, de haberlo hecho mal o a destiempo. (Hace unos días leí un artículo que me gustó mucho de Perla y que trata sobre esto que comento)

Sentí mucha rabia y frustración pero me dije que nunca es tarde y durante algunos meses comencé a pasarle las tarjetitas e intentaba convencerme de que en breve tendría un lector voraz, le mostraba las palabras religiosamente tres veces al día (insistían en que había que hacerlo de una manera divertida…es ridículo y prácticamente imposible hacer que algo tan aburrido y monótono sea ameno o divertido para los niños) Yo saltaba, cantaba, hacía el tonto y me abstenía como asegura Doman de preguntar a mi hijo ¿qué pone aquí? Pero él me decía de vez en cuando ¿para qué hacemos esto? con una cara de resignación el pobre….pero a los seis o siete meses ya no podía aguantar más y decidí comprobar qué había aprendido y cuando le mostré el cartelito que pone mamá escrito en enormes letras rojas, se quedó mirando el cartel como la vaca que mira al tren y me dijo: “no se” y yo con desesperación:¡¡¡¡ hijo inténtalo!!!! Y entonces arrugaba el ceño y decía como adivinando: “pone amam, no no pone aamm, no espera pone maam…y al rato decía ah!!! Pone mamá.

¡¡Bueno!! Pensaba yo que soy optimista por naturaleza....“parece que esto no es tan rápido como aseguran pero…"

”al día siguiente era lo mismo y al siguiente y al otro….”

En seguida abandoné por puro aburrimiento, era un método tan frío, tan artificial, tan absurdo....siempre lo sentí así, (aunque he de reconocer que a mucha gente le ha ido bien con él), pero cuándo alguien está desesperado se aferra a un clavo ardiendo…y yo con razón o sin ella lo estaba, había mucho de orgullo, de mi autoestima (no ser capaz ni de enseñar a un niño a leer), el qué dirán, mis expectativas que no coincidían con la realidad….

Entonces pasé un momento de crisis total, pues de la misma manera que al principio pensaba que el niño me tomaba el pelo, ahora se me metió en la cabeza que mi hijo debía tener un grave trastorno y pasé de considerarlo superinteligente a creer que era retrasado mental. Recuerdo como lloraba y martirizaba a mi marido (él siempre decía que le dejase tranquilo, que era taaaan pequeño) Repasaba mentalmente todo lo que hubiese podido traumatizarle de bebé y seguía culpabilizándome por todo, por aquél día que le dejé llorar, por no haberle cogido más, por haber tenido otro hijo tan pronto, pero tampoco encontraba nada tan sumamente grave, que hubiese podido causarle un trastorno de semejante gravedad. A todo esto la presión externa era terrible, casi todos (en el entorno familiar, los de fuera se mantenían lógicamente, al margen de la “tragedia”) consideraban que era extremadamente espabilado e inteligente y si seguía siendo analfabeto era por tener una madre irresponsable, que se obstinaba en no llevarle al colegio donde le enseñarían. Pero llegó un momento en el que el escándalo era tan grande que ya no se hablaba de ello, ya nadie preguntaba si Salvador leía o no, era como un estigma o una vergüenza que todo el mundo conoce pero de lo que no se puede hablar. Algo así como las madres solteras de antaño....

Sobre los ocho años empezó una etapa mucho más relajada pues yo ya había perdido toda esperanza y solo esperaba el “milagro”, me abandoné pues ya no se me ocurría de qué modo podía ayudarle.

Empezó a ir a catequesis de primera comunión y me sorprendió que lejos de sentirse mal por no tener el mismo nivel que sus compañeros, enseguida destacó por ser el único que “sabía latín”, por conocer el nombre científico de plantas y por saber tantas cosas. (Los niños homeschoolers desde bien pequeños llaman la atención por su originalidad, no es que tengan más conocimientos que los niños escolarizados, sino que saben cosas diferentes a las que marca el MEC)

Me preguntaban a qué colegio iba y al decir que se educaba en casa, se sorprendían gratamente y me comentaban lo maduro, educado y responsable que era.

Por entonces también contacte con personas maravillosas que me dijeron que casi con toda seguridad Salvador podría ser disléxico (nunca le he llevado a ningún especialista). La verdad es que tenía algunos de los síntomas y realmente este “diagnóstico” me tranquilizó mucho (y a toda la familia) ya que no era por mi incompetencia, yo no lo había hecho tan mal, sencillamente era que él tenía un don y que veía el mundo de otra manera y necesitaba aprender de otro modo. Einstein, Edison, Leonardo Da Vinci, Walt Disney, o Graham Bell eran disléxicos y habían tardado mucho a aprender a leer y escribir. De nuevo volví a pensar en mi hijo como un genio, eso si un genio despistado, caótico y maravilloso…Entonces y muy poco a poco dejó de preocuparme si leía o no, si invertía las letras y me convertí en su secretaria. Me di cuenta de que no pasaba absolutamente nada por leerle los enunciados de los problemas de matemáticas y que gracias a la lectura en voz alta mi hijo tenía acceso a la cultura igual o más que cualquier otro niño de su edad y empecé a convencerme de que efectivamente algún día leería fluidamente y que aunque así no fuese, tampoco pasaría nada .Al fin y al cabo a todo el mundo no tiene porqué gustarle lo mismo, hay personas que jamás leen un libro y no por eso son menos felices o peores personas.

Ahora mismo acaba de cumplir nueve años, en realidad es aún muy pequeño, no necesita para nada ni la lectura ni la escritura (para eso me tiene a mi). Escribe de una manera digamos que aceptable y lee muy despacio y con evidente dificultad por lo que sigo leyendo todo lo que me permite la vida.... para él y sus hermanos. Ahora lejos de ver esto como un problema, es una bendición ya que mi hijo escucha a Cervantes, a Machado o a Tolkien… autores que se hacen muy cuesta arriba a un niño de esa edad si no hay quién se los lea y siempre pienso que si hubiese empezado a leer por su cuenta a los cinco o seis años, casi con toda seguridad yo no le habría leído tanto, pues tal vez él mismo ya no lo demandase. Al fin y al cabo así ha sido a lo largo de los siglos, la cultura siempre se transmitió de manera oral…

Me gusta al empezar a leer, ver los ojos de mis niños abiertos como platos, sentir como disfrutan de los libros, el entusiasmo que les producen nuestras excursiones a la biblioteca, las largas conversaciones que fluyen gracias a las lecturas y no hemos de olvidar que el que ríe el último ríe mejor.

Y “resumiendo” esta es la historia de un lector.

Otro día contaré la de Gabriel, mi segundo hijo, que está aprendiendo prácticamente solo, es un proceso bastante más fácil y mucho más gratificante para él y para mí. Es exactamente lo que yo siempre había pensado que sucedería con mi mayor, que un buen día te sorprenden con que han puesto en el frigorífico con las letras magnéticas: “mamá te quiero” y otro les encuentras muriéndose de risa con un tebeo de Tintín y en otro momento les ves medio leer y medio inventar a su hermano pequeño, un cuento. Todo ello de una manera muy sencilla y natural, igual que cuándo aprenden a andar, a gatear, a hablar.

Tanto uno como el otro consideran que es normal lo que hacen y el nivel que tienen, aquí lógicamente no hay listos ni tontos, ni avanzados ni lentos, cada uno va a su ritmo, cada uno es único e irrepetible, maravillosamente diferente al resto de los hermanos y al resto de los humanos. Es un privilegio estar viviendo estos procesos en familia y aunque reconozco que en un momento dado estuve confusa y presioné a mi hijo parece que su autoestima no ha sido dañada.

Durante estos años he ido sacando algunas conclusiones:

• No se si existe la dislexia, ni tan siquiera si existen los trastornos de lectoescritura, he hablado con personas que trabajan en escuelas libres, en escuelas en las cuales a los niños no se les presiona, ni se les anima, ni se les motiva, ni se les insinúa que ya tienen edad de aprender a leer o escribir. En todas estas escuelas o familias hay un buen número de niños analfabetos de 7 u 8 años, pero no hay ni uno solo de 13 o 14. Ninguno tiene dificultades de adulto y no se aprecia diferencias significativas entre los que comenzaron a los 5 y los que no se soltaron hasta los 10.

• Hay niños de 6 años que no saben montar en bici, o que no saben nadar, o que no saben trepar....pero no existe una etiqueta para estas dificultades o problemas, pues no existen como tal. Nadie en su sano juicio considera un problema que su hijo utilice ruedines con siete años....ya dejará de hacerlo y si no...pues no pasa nada. ¿Por qué no ocurre lo mismo con las letras o los números? ¿Por qué no podemos dejar a los niños en paz?

• Si un niño no está maduro podemos "motivarle", "presionarle", "obligarle", "castigarle", "premiarle"...todo es inútil. Ya lo decía Rousseau hace un montón de años: "Han convertido en asunto fundamental la búsqueda de los mejores métodos para aprender a leer, se inventan escritorios, mapas, se hace de la habitación de un niño un taller de imprenta..... ¡Qué lástima! Un medio más seguro que todos esos, y que siempre se olvida, es el deseo de aprender. Dad al niño ese deseo, luego olvidaos de vuestros escritorios y vuestros dados: cualquier método será bueno para él." "Emilio sabrá leer y escribir a la perfección antes de la edad de diez años, precisamente porque me importa muy poco que lo sepa antes de los quince; pero preferiría que no supiera jamás leer antes que comprar esa ciencia al precio de todo lo que puede hacerla útil"

• Por el contrario si un niño está preparado y tiene interés por muy mal que lo hagamos y a pesar de nosotros, aprenderá. En cierta ocasión conocí a una mamá que tenía claro que su hijo tenía que ser niño y jugar y que algún día tendría tiempo de aprender cosas serias. Por ello llevó a su hijo a una escuela Waldorf (en estas escuelas no se enseña a los niños las letras hasta por lo menos los seis o siete años). Mientras sus compañeros de clase trepaban a los árboles o corrían detrás de las gallinas de la escuelita, el niño en cuestión aprendía a escribir con un palito en el suelo, a pesar de las maestras y su madre que le decían que dejase eso, que ya aprendería cuándo fuese más mayor, pero el niño no era feliz pues quería aprender a leer, a expresarse mediante la escritura, a tocar el violín y odiaba estar al aire libre jugando todo el día con la tierra y los palitos. La madre muy apenada, apuntó a su hijo a un colegio “normal” y por las tardes en el conservatorio de música. C´est la vie...

Desde aquí agradezco de todo corazón, la paciencia infinita que han tenido conmigo, Perla, Jacqueline, Ipe, Yenia, Gema, mi esposo, mi madre, Esther y los buenos consejos que de ellos recibí en todo momento.

21/10/09

Estamos leyendo una novela ("El cuaderno secreto"),en la que un niño de ocho años, con mucho humor, relata en primera persona sus vivencias y dice cosas como esta:

"Por si alguno de vosotros no lo sabe, una escuela es un lugar donde las mamás y los papás inscriben a los niños para que estén encerrados durante toda la mañana. Pero.....hay algunos niños que son mitad salvajes y mitad domésticos.
A ningún animal le gusta que lo sujeten con una cadena o que lo metan en una jaula. Si os fijáis, os vais a dar cuenta de inmediato de que eso les causa una gran incomodidad. Las jaulas y las cadenas se inventaron precisamente para mantener a los animales en un lugar donde ellos no quieren estar. O sea que los tienen allí en contra de su voluntad. Porque si quisieran estar allí, se estarían quietos sin necesidad de cadena ni de jaula.
A los niños medio salvajes tampoco les gusta estar en la escuela. Yo no creo ser un niño mitad salvaje y mitad doméstico, sino completamente doméstico, pero conozco a otros que si son medio salvajes y sufren mucho porque no quieren estar encerrados y se pasan todo el tiempo pensando cómo se van a escapar, igual que esos perros que tiran y tiran de la cadena y se lastiman, porque no aguantan estar atados....."

"El cuaderno secreto" Hortensia Moreno. El barco de vapor.

13/10/09

EL EXTRAÑO

Esta mañana Marcela me ha mandado este correo:
"Unos cuantos años después que yo naciera, mi padre conoció a un extraño, recién llegado a nuestra pequeña población.Desde el principio, mi padre quedó fascinado con este encantador personaje, y enseguida lo invitó a que viviera con nuestra familia. El extraño aceptó y desde entonces ha estado con nosotros.
Mientras yo crecía, nunca pregunté su lugar en mi familia; en mi mente joven ya tenía un lugar muy especial.Mis padres eran instructores complementarios: Mi mamá me enseñó lo que era bueno y lo que era malo y mi papá me enseñó a obedecer. Pero el extraño era nuestro narrador. Nos mantenía hechizados por horas con aventuras, misterios y comedias. El siempre tenía respuestas para cualquier cosa que quisiéramos saber de política, historia o ciencia. ¡Conocía todo lo del pasado, del presente y hasta podía predecir el futuro!Llevó a mi familia al primer partido de fútbol. Me hacia reír, y me hacía llorar. El extraño nunca paraba de hablar,pero a mi padre no le importaba..... Mi padre dirigió nuestro hogar con ciertas convicciones morales, pero el extraño nunca se sentía obligado para honrarlas. Las blasfemias, las malas palabras, por ejemplo, no se permitían en nuestra casa…Ni de nosotros, ni de nuestros amigos o de cualquier visitante.Sin embargo, nuestro visitante de largo plazo, lograba pronunciar la palabra esa.....y otras que quemaban mis oídos e hicieron que papá se retorciera y mi madre se ruborizara. Mi papá nunca nos dio permiso para tomar alcohol. Pero el extraño nos animó a intentarlo y a hacerlo regularmente. Hizo que los cigarrillos parecieran frescos e inofensivos, y que los cigarros y las pipas se vieran distinguidas.Hablaba libremente (demasiado) sobre sexo. Sus comentarios eran a veces evidentes, otras sugestivos, y generalmente vergonzosos.Ahora sé que mis conceptos sobre relaciones fueron influenciados fuertemente durante mi adolescencia por el extraño.Repetidas veces lo reprendieron y raramente hizo caso a los valores de mis padres y NUNCA le pidieron que se fuera. Han pasado más de cincuenta años desde que el extraño se mudó con nuestra familia. Desde entonces ha cambiado mucho; ya no es tan fascinante como era al principio. No obstante, si hoy usted pudiera entrar en la casa de mis padres, todavía lo encontraría sentado en su esquina, esperando a alguien para que escuchara sus charlas y para verlo dibujar sus cuadros..¿Su nombre? Nosotros lo llamamos:
t e l e v i s o r...
Nota:Se requiere que este artículo sea leído en cada hogar.¡Ahora tiene una esposa que se llama Computadora y un hijo que se llama Celular!
PD: gracias a Dios mi extraño se fue de mi casa!!!! "

11/10/09

JABÓN CASERO

Lo de transformar aceite usado en jabón se está convirtiendo en todo un vicio, ya hemos hecho unas cuantas "hornadas" e incluso nos hemos atrevido con aceite de oliva sin utilizar para el cuidado personal.
Algunos han salido bien (los de la foto) y algunos otros tienen peor aspecto pero todos se han podido aprovechar. Lo utilizo para limpiar toda la casa, que efectivamente, queda impecable y con un agradable y natural olor, para la lavadora (he probado con el lavavajillas y no queda demasiado bien). Rallándolo y con agua muy caliente se puede utilizar estupendamente para los suelos, la limpieza de los baños, encimeras, muebles etc...(Lo de rallar al principio se me hacía cuesta arriba, pero mira tú por donde me han salido tres voluntarios que se pelean para hacerlo...)
Estoy muy contenta por la satisfacción que me produce, como todo aquello que haces artesanalmente, porque no tengo que comprar ningún producto de limpieza, por aprovechar el aceite usado que es tan contaminante si no se recicla adecuadamente, por lo que nos hemos reído este verano con el tema jabón (mi marido cada vez que se encuentra un trozo dice que le recuerda el queso curado...que le encantaaaaa), por lo bien que lo pasamos el día que vino una amiga a hacer jabón y al final con tanto niño y tanto lío se nos cortó, por el gusto que me da utilizarlo sin tener que estar pendiente del bebé que mete las manos en todos los sitios. ¡¡¡¡Es una de estas pequeñas cosas de la vida que te hacen disfrutar y sentirte bien!!!!! Mi amiga Nati dice que esto de hacer jabón tiene mucho de ancestral y que por eso nos gusta y nos relaja tanto a las mujeres.

Se necesitan:

  • 3 litros de aceite usado o nuevo si es para uso personal
  • 3 litros de agua (dejarla en un recipiente 24 horas antes de utilizarla)
  • 1/2 Kg de sosa cáustica (manipular con extremo cuidado, guantes como poco, también recomiendan utilizar mascarilla)

Calientas el agua y antes de hervir le echas la sosa en escamas, despacito y con cuidado ya que puede saltar y lo disuelves bien con una espátula. En otro recipiente tienes el aceite que se puede calentar para que esté a la misma temperatura del agua con sosa. (Lo ortodoxo creo que es que esté como a unos 40º C) Se va echando el aceite despacio para que no se corte en el agua y a remover.....siempre en la misma dirección hasta que vaya cambiando la textura (como mayonesa) y el color (más blanco) Hay quién habla de dos horas removiendo (yo lo hice la primera vez),pero en tan sólo unos minutos lo puedes conseguir con la batidora eléctrica a la mínima velocidad. En ese momento pones el jabón en cualquier molde (si el molde es de madera o cartón forrarlo de plástico para poder sacarlo luego con facilidad) .Cuándo tenga una textura como de mantequilla, lo cortas y luego a las 24 o 48 horas lo desmoldas y lo dejas curando en una caja de cartón, tapado con un paño(en algún lugar aireado) y lo vas moviendo de vez en cuando hasta que este completamente curado y listo para ser utilizado, cosa que sucede aproximadamente al mes. Parece ser que cuánto más tiempo cura, en mejor jabón se convierte pero yo no aguanto mucho y al mes exacto ya estoy dándole uso.

Esto es lo más básico y a partir de aquí existe todo un mundo de posibilidades, utilizando diferentes aceites, colorantes, lácteos, cereales, esencias..... para hacer maravillosos jabones de tocador, pero de todo eso aún no se nada, nadita, aunque investigando estoy. (Si alguien que entiende del tema me lee tal vez se horrorice de mis explicaciones tan rudimentarias, pero tan sólo cuento mis primeros pasitos de bebé, no pretendo enseñar a nadie ya que toda la información la he ido sacando de Internet y un poco de mi escasa experiencia.)

Y ojo que produce adicción....

"DESDE MUY NIÑO TUVE QUE INTERRUMPIR MI EDUCACIÓN PARA IR A LA ESCUELA"
G.García Márquez