23 de octubre de 2007

LIBROS

Tras varias décadas de investigación, los especialistas en desarrollo infantil han llegado a una conclusión: el juego es el mejor método para que los niños aprendan.










Me parece un libro muy recomendable para todos los padres. A veces, aunque no tengamos a nuestros hijos escolarizados nos entra la "neura" de que no se puede perder el tiempo, nos dejamos llevar por la corriente de apuntar a nuestros hijos a violín con cuatro años, a enseñarles a leer con el método Doman cuando tienen meses.........


Tranquilos, que hay tiempo para todo, que los niños aprenden en el aula del mundo, de su entorno, de su familia. Que no necesitan asistir a todas las actividades extraescolares que se nos ofertan a los desconcertados padres, ni precisan vídeos educativos, ni carísimos juguetes. Necesitan tiempo de calidad, y ese es el que les damos los papás cuando les leemos un cuento en nuestro regazo, cuando damos un paseo con ellos, cuando les contamos historias o les acompañamos en sus juegos. Que más importante que el coeficiente intelectual, es el emocional para triunfar en la vida. Que la madre de Einstein no utilizó tarjetas de ayuda, sino que gran parte de su aprendizaje tuvo lugar a través del juego. Parece que tuvo libertad para ser él mismo, para investigar los problemas que le interesaban. En cambio los padres de hoy están convencidos de que tienen que entrenar a sus pequeños para que aprendan datos irrelevantes, enseñarles a leer antes de ir al jardín de infancia, y conseguir que sus niños sepan aritmética antes de cumplir los tres años. Está claro que la buena fe alienta estos propósitos. Padres, maestros y políticos tratan de llevar a la práctica las "recomendaciones más novedosas", que no se suelen basar en los mejores trabajos de investigación.



No somos los arquitectos del cerebro de nuestros hijos, ni somos los responsables del desarrollo de su inteligencia, de sus habilidades deportivas, de su capacidad artística, de su estructura emocional y de su sociabilidad. Los padres no somos omnipotentes. Como mucho somos personas con más conocimientos, que acompañamos a los hijos por el laberinto del crecimiento.

Millones de años de evolución han generado niños que disfrutan aprendiendo por sí solos. Así es como la Naturaleza ha garantizado nuestra supervivencia. La humanidad se ha alimentado del árbol de la sabiduría y sigue buscando su delicioso fruto desde los instantes iniciales de la vida, así que no hace falta obligar a nadie a comer.....Los entornos naturales y cotidianos en los que se encuentran las familias y los niños fomentan un desarrollo fuerte del cerebro. Los niños que tienen padres cariñosos, padres que disfrutan de su compañía, que disfrutan jugando con ellos y ofrecen orientación y sugerencias mientras ellos exploran su entorno, serán niños sanos, emocionalmente bien estructurados y psicológicamente avanzados....



En otras entradas iré comentando más aspectos e ideas del libro que me han resultado interesantes.....

3 comentarios:

Maria dijo...

Quizás el problema es que se confunde educación con conocimientos. Cuando iba a 2º de BUP (hace mucho, mucho tiempo...) y empezamos a estudiar latín, me pareció un c****zo. Pero alguien me dijo que el estudiar latín estimula el cerebro de otra manera, como que hace que tu mente funcione de otra manera, otro tipo de pensamiento.

Es decir, a lo que creo, no es que por tener ciertos conocimientos se desarrolle más la inteligencia, sino que el hecho de poner a la mente en contacto con ciertas experiencias, potencia el desarrollo de ciertos tipos de pensamiento, redes de neuronas que se abren y empiezan a funcionar.

Por esto es por lo que, por ejemplo, este año hemos empezado en casa a hacer mates. Siguiendo un método que pretende que sea el niño el que establezca relaciones matemáticas sencillas, pero que puedan ser la base del pensamiento matemático. No se trata de enseñarle a sumar ya, sino de que vea que, por ejemplo, no existe lo absoluto, sino términos relativos: más alto que y más bajo que.

De todas formas, la mayor parte del día en casa hacemos lo que Joel prefiere. Yo sugiero a veces cosas, y si le gustan se tira ¡hasta 4 minutos! haciéndolas. Si no, 30 segundos y a otra cosa mariposa.

1beso.

paloma dijo...

Me ha parecido bonito el mensaje del libro pues nos invita a relajarnos en este mundo de locos. Muchas veces los niños viven estresadísimos de actividad en actividad. Perdiendo su infancia y los padres el goce de la crianza...Yo soy la primera que me quedo mas agusto cuando les veo en actividades más intelectuales que cuando sólo piensan en jugar y jugar. Nos da tanto miedo perder el tiempo....Y de alguna manera pienso que también es que el éxito de nuestros niños es el nuestro y viceversa.
Pienso que la base del pensamiento matemático se adquiere facilmente con las actividades cotidianas. Seguro que tu Joel no tendría problemas para sumar, restar o incluso dividir ante un buen pastel, o algo que le guste mucho. Yo me quedé sorprendidísima cuando comprobé que Salvador sabía sumar, nunca supe cuando ni como aprendió pero así fue...Al cocinar, comprar, jugar, repartir el helado...Bueno te dejo pues mis retoños no paran de jugar alrededor del ordenador...!Uf! Nunca se cansan.....Un beso.

Mariajoo dijo...

Hola!

Me voy a pedir este libro para Reyes. Por cierto, el título en inglés me gusta más: Einstein Never Used Flashcards: How Our Children Really Learn--and Why They Need to Play More and Memorize Less.

O sea, es un ataque directo al método Doman, ya en el título.

Leo mucho tu blog para ver qué libros pueden ser interesantes :-)

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