4 de agosto de 2008

APRENDER LA HORA



Hace algo más de un año que escribí una entrada en la que contaba, que les había hecho a los niños un reloj para que aprendiesen la hora. Lo utilizamos durante un tiempo y a ese reloj se sumaron otros que les fueron regalando ya que ultimamente todo el mundo les regala juegos didácticos.
Ahora quisiera rectificar esa entrada, ya que después de algunas lecturas realizadas durante este tiempo y sobre todo mi experiencia con este aprendizaje no creo que sea necesario hacer nada en especial para que los niños aprendan la hora. Y es más, utilizar relojes, fichas etc...lejos de ayudarles pueden ser una auténtico estorbo. Durante este año he tenido otras muchas prioridades y como tampoco utilizamos excesivamente el reloj, ni me planteé enseñar nada al respecto. Hace como un mes, mi hijo mayor se levantó por la mañana y me pidió que le pusiera en hora un reloj de pulsera, de los muchos que tienen mezclados con los juguetes. Hice lo que me pedía sin demasiado interés y estuvo todo el día preguntándonos a todos que hora era, luego nos decía ¿queréis saber que hora es? Y en unas horas había aprendido. No tengo ni idea de dónde surgió la motivación ni el interés por aprender, pero así de sencillo ha sido. Aprendió, volvió a dejar el reloj tirado por ahí y ya está.....a otra cosa mariposa. Cuando alguna vez me acuerdo que ya sabe leer la hora, le pregunto y creo que salvo algún error, más o menos se defiende. Esta ha sido mi experiencia, ahora voy a compartir algo que leí en el primer boletín de "Aprender sin escuela"que es una traducción de la revista Growing Without Schooling.
Estos son algunos fragmentos escritos por una joven, que creció convencida de tener un trastorno de aprendizaje ya que era incapaz de leer la hora. Al final lo logró, sobre los 13 o 14 años. Cuánto sufrimiento se podría haber evitado simplemente no interfiriendo.

"Cuando tenía 11 años y estaba en el sexto grado, me diagnostiqué a mi misma como alguien con "trastornos de aprendizaje".....Me identificaba totalmente con las caras de esos niños que siempre aparecían mordisqueando sus lápices ansiosamente en los artículos sobre trastornos de aprendizaje.
Entre mis muchos secretos dolorosos estaba éste: no sabía leer la hora. Solía parecerme que la manecilla de la hora estaba siempre atascada entre dos números....
En casa, calculaba la hora con la ayuda de una guía de televisión. En el colegio, usaba el horario de clases y el estridente timbre que señalaba el cambio de éstas.....
Sólo una vez, en el séptimo grado, corrí el riesgo de ser descubierta. Una niña de al lado se había dejado las gafas en casa. Incapaz de ver el reloj, se volvió hacía mi y me susurró la terrible pregunta.....
Por fin aprendí a decir la hora, sobre los 13 o 14 años. Ahora, con 20, todavía arrastro mi antiguo miedo. No hace mucho, tuve una pesadilla en que me decían que había habido un error en unas fichas y tenía que volver al colegio. Tenía que presentarme allí a las ocho en punto. Miré a mi reloj. Las manecillas giraban alocadamente......Me desperté envuelta en sudor frío.....
Más tarde me acordé que, con el reloj de cartón usado por la profesora de primer grado, yo sabía decir la hora perfectamente. Fue entonces cuando me di cuenta de que ella debía haber colocado las agujas justo sobre los números. Ése es el problema: un reloj real no se comporta con tal claridad."

Esta es la experiencia de Sharon Vines, una profesora:
"....Pensé en el modo que yo enseñaba a los niños a leer, a sumar o a decir la hora, y me di cuenta de que la mayoría de las cosas que hacía eran innecesarias.
Leer la hora ha sido siempre uno de mis ejemplos favoritos porque, estaba claro que mi enseñanza servía para poco....
Con 22 niños en clase, siempre había alguno que ya sabía leerla con exactitud, antes de empezar la lección.
Después de tres o cuatro días de práctica, aparecían uno o dos más que la leían con seguridad, bastantes que leían las horas y las medias....y varios que seguían sin tener ni idea.....Al año siguiente repetimos la lección de la hora y esta vez había unos niños más que ya llegaban sabiendo decirla (probablemente porque tenían un año más)
Los resultados fueron más o menos los mismos a lo largo de los años...
Mi hija Maury tenía bastantantes fichas de trabajo con dibujos de relojes para emparejar las horas escritas con las que marcaban las agujas....En cuanto le enseñé a emparejar una, ya sabía hacer toda la página, pero no era capaz de leer la hora.....

3 comentarios:

Maria dijo...

Qué interesante, Paloma. Está claro que una de las ventajas del 'homeschooling' es que, puesto que intentamos no coartar la curiosidad natural del niño, esta finalmente les lleva a aprender por sí mismos, con el método y los recursos más afines a ellos, aquello que les interesa.

Pero son tan bonitos esos juegos, libros, fichas, etc, que venden para "enseñar" cosas, como decir la hora, aprender a leer, a contar, etc. Que da pena no usarlos ;-P.

1beso.

paloma dijo...

Ya...a mí se me van los ojos detrás. Pienso que están hechos con esa finalidad, para que nos gusten a los padres...pues a los niños, ná de ná.
A mí me encantaría que mis hijos se levantasen cada mañana y se pusieran a rellenar primorosamente fichas. Mi vida sería mucho más fácil, pero....como no le de a Samuel,a los mayores me temo que ya no.

Besos.

Airenita dijo...

;-)))

nuestro método para aprender hora era comprar un reloj de pared y dejarlo allí colgado bastante bajo, por cierto. Eso es todo.
Primero era aproximarse a la hora (pasadas las dos, casi las diez, falta poco para las cuatro y media...)y luego cada vez más exacto. así de fácil.
Gracias por esos temas. Aclaran las ideas, ya sabes.
besos

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