29/04/09

"Antes de ser una ayuda para los demás, la mujer tiene que
ser ante todo ella misma, firmemente anclada en sus profundidades"

28/04/09

22/04/09

PLATERO Y YO

"Platero y yo" es uno de los libros que he comenzado a leer en voz alta dos o tres veces, y siempre nos hemos quedado en el ¡Qué bonito! del capítulo I, pero nunca hemos avanzado más. Pero como soy tenaz (hay quién opina que terca), vuelvo a intentarlo…
Me encanta el prologuillo del autor, donde da esta advertencia a los hombres que lean este libro para niños:

"Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para….!qué sé yo quién!...para quien escribimos los poetas líricos…Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien!
“D
ondequiera que haya niños-dice Novalis-, existe una edad de oro”. Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca.
¡Isla de gracia, de frescura y de dicha, edad de oro de los niños: siempre te halle yo en mi vida, mar de duelo; y que tu brisa me dé su lira, alta y, a veces, sin sentido, igual que el trino de la alondra en el sol blanco del amanecer!
Yo nunca he escrito nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se les ocurren. También habrá para hombres y para mujeres, etcétera."

17/04/09

Otro cuento de Pascua


Había una vez una familia de liebres de Pascua, el padre, la madre y los siete hijos. El padre y la madre liebre no sabían quién de sus hijos iba a ser ese año la liebre de Pascua. Entonces la madre liebre de Pascua cogió una cesta con siete huevos, y el padre liebre de Pascua llamó a sus siete hijos y dijo al mayor:
-Coge un huevo de la cesta y llévalo al jardín de la casa donde viven muchos niños.
El mayor cogió el huevo dorado y se fue con él a través del bosque, cruzó el riachuelo, atravesó la pradera y llegó al jardín de la casa de los niños. Entonces quiso saltar por encima de la verja, dio un salto demasiado grande y el huevo se cayó y se rompió. Ésta no era la verdadera liebre de Pascua.
Le llegó el turno al segundo. Éste cogió el huevo plateado, corrió con él a través del bosque, cruzó el riachuelo y llegó a la pradera. Entonces le llamó la urraca:
-Dame tu huevo, dame tu huevo y te regalaré una moneda.
Y sin que la liebre se diera cuenta, ya se había llevado la urraca el huevo a su nido. Ésta tampoco era la verdadera liebre de Pascua.
Le tocó el turno al tercero. Éste escogió el huevo de chocolate, corrió con él a través del bosque, cruzó el riachuelo, llegó a la pradera y justo entonces, llegó saltando de un pino alto una ardilla, puso grandes ojos y preguntó:
-¿Está rico?
-No lo sé, lo quiero llevar a los niños.
-¿Me dejas probar un poco?
La ardilla chupó un poco y, como le gustó tanto, siguió lamiendo, y la liebre lamió con ella hasta que todo el huevo había desaparecido. Cuando la tercera liebre llegó a casa, la madre liebre de Pascua le tiró de los pelos de su morrito que aún estaban llenos de chocolate y dijo:
-Tú tampoco eres la verdadera liebre de Pascua.
Ahora le llegó el turno al cuarto. El cuarto cogió el huevo con muchas manchitas. Con este huevo corrió a través del bosque. Cuando estaba cruzando el riachuelo se paró en medio y se vio en el riachuelo como en un espejo. Cuando se estaba mirando, ¡plaf!, se cayó el huevo al agua. Ésta tampoco era la liebre de Pascua.
Le llegó el turno al quinto. El quinto cogió el huevo amarillo. Con él corrió a través del bosque y antes de llegar al riachuelo se encontró con el zorro.
-Oye, vente conmigo a mi madriguera y enseña a mis hijos el huevo bonito.
Los zorritos empezaron a jugar con el huevo, se cayó encima de una piedra y se rompió. Rápidamente corrió la liebre a casa con las orejas gachas. Ella tampoco era la verdadera liebre de Pascua.
Le llegó el turno al sexto. El sexto escogió el huevo rojo y con él corrió a través del bosque. Entonces se encontró en el camino con otra liebre. Puso su huevo en el camino y empezó a pelearse con la otra. Por fin, la otra liebre huyó y cuando la sexta liebre buscó su huevo, lo encontró hecho migas. Ésta tampoco era la verdadera liebre de Pascua.
Le tocó ya el turno a la séptima, la liebre más joven y pequeña. Ella cogió el huevo azul. Con el huevo azul atravesó el bosque. En el camino se encontró con otra liebre. La dejó pasar y siguió adelante. Entonces vino el zorro. La liebre dio un rodeo y llegó al riachuelo. Con unos saltos ligeros cruzó por encima del tronco. Vino la ardilla pero la liebrecita siguió adelante y llegó a la pradera. Cuando la urraca gritó, simplemente le contestó:
-¡Tengo que seguir!, ¡tengo que seguir!
Por fin, llegó al jardín de la casa. La puerta estaba cerrada. Ella dio un salto, ni demasiado grande, ni demasiado pequeño, y puso el huevo en el nido que le habían construido los niños. Ésta era la verdadera liebre de Pascua.



Ed. Rudolf Steiner

14/04/09

ardillas


Siempre tenemos ardillas en nuestro jardín, pero en estos días hemos visto por primera vez, las crías con su madre. Ella les animaba pacientemente a dar el salto...ha sido un precioso aprendizaje.

12/04/09

FELICES PASCUAS

Ya toca a su fín esta Semana Santa, unos días de descanso (en nuestro caso no es totalmente cierto), unos días que pueden haber servido para centrarse, reflexionar, recordar, revivir, acompañar (de eso si hemos intentado tener algo). Justo ayer terminamos de leer "La historia interminable" y en uno de los últimos párrafos el protagonista tenía que aprender a amar, para salvar su vida, ni que decir tiene que me encantó, por la "casualidad" ya que precisamente estos días nos muestran y nos hablan del amor, aunque sea un Amor con mayúsculas: "Amar....!eso se dice muy facilmente!....¿a quién? No se puede amar sencillamente, en general y de cualquier manera....Pero para eso tendrás que olvidar lo último que te queda: tendrás que olvidarte de ti mismo. Y eso requiere un trabajo duro y paciente.."
Cuándo yo era pequeña, recuerdo que en mi casa siempre había algún motivo para celebrar, para improvisar una cenita con velas, una fiestecita...Tal vez esos recuerdos me llevan ahora a continuar esa costumbre en mi nueva familia, con mis niños...me encanta mantener esa actitud de agradecimiento ante la vida, me gusta celebrar los cambios de estación, los cumpleaños, los aniversarios, los cumplemeses, los nacimientos, los embarazos, la Navidad, la Pascua....El Domingo de Resurrección es la fiesta más importante para todos los cristianos y hoy me llegan las radicales palabras de Enrique de Castro: "La idea de resurrección aparece con un fuerte contenido reivindicativo frente al poder de la tiranía sobre el ser humano. Esta concepción va unida a la idea de un Dios creador. Si Dios es el creador, ningún poder tiene dominio sobre la vida, ninguno puede quitarla. El grito o proclamación de la resurrección, atenta,en primer lugar, contra cualquier tipo de dominio que pretende oprimir, esclavizar o explotar al ser humano. El que lo hace no resucitará para la vida. Ya que impone la destrucción y la muerte, encontrará destrucción y muerte. Pero el que lucha por la vida y no se deja sobornar por los poderes que intentan destruirla, ése creará y encontrará vida" . También las de Martín Descalzo :"Los resucitados son los que tienen un "plus" de vida, un "plus" que les sale por los ojos brillantes y que se convierte enseguida en algo contagioso, algo que demuestra que todo hombre sobrepasa al hombre que es y que prueba que la vida es más fuerte que la muerte". Una de las tradiciones para este día y los siguientes es la de regalar, decorar, compartir los huevos de Pascua, ni que decir tiene que a mis hijos les chifla buscarlos por toda la casa (para luego darse el banquete) y nosotros gozamos compartiendo con ellos esa ilusión. (Les preparamos mapas, del lugar secreto y los mayores ayudan a los pequeños).Además de esconder y buscar huevos, durante esta época que comienza, seguiremos leyendo...siempre leyendo, por aquí y por allá, plantaremos en el huerto...siempre con retraso, compraremos pensamientos y alegrías....que siempre terminan muriendo pues alguién olvidó regarlas, seguiremos disfrutando de la primavera...siempre sorprendente, siempre un milagro. Y todo este preámbulo era para desearos unas Felices Pascuas !!!! y dejar un cuento de la ed. Rudolf Steiner para la ocasión:

"Érase una vez un campo donde los verdes tallos de maíz se erguían desde la tierra oscura. Un día se acercó saltando una liebre, con sus dos largas orejas tiesas como dos cucharas. Se puso a roer unos tallos jugosos y luego se sentó mirando a su alrededor para ver si se acercaba alguien. Durante toda la noche estuvo dando vueltas. Al llegar la mañana buscó un lugar donde descansar, escogiendo un sitio junto al sendero del campo. Antes de echarse a dormir, corrió un poco hacia un lado; luego dio media vuelta y volvió por el mismo camino; pero de repente, dio un gran brinco, se fue saltando un poco más lejos, escarbó la hierba y la tierra, y después se sentó sobre sus patas de atrás poniendo su cabeza entre las delanteras. De esta manera se dispuso a descansar. Mientras tanto, un perro que se acercaba corriendo por el sendero, al oler a la liebre, empezó a correr de un lado a otro. Como no levantaba su hocico del suelo, el perro no vio los dos ojos negros que se asomaban por entre los verdes tallos. El perro se fue muy enfadado porque había perdido la pista de la liebre. Y por fin la liebre pudo dormir.
Al cabo de un rato se levantó, enderezó sus orejas y miró a su alrededor. No se veía a nadie; el perro ya se había ido. Entonces decidió ir a lavarse. Se lavó la cara y las orejas, y se cepilló la piel con las plantas de los pies. Por la mañana temprano se había bañado en la blanca arena junto al bosque; porque la liebre es muy limpia, nunca hay una mota de polvo sobre su piel. De repente, oyó ladrar a unos perros. Cada vez se acercaban más llegando casi hasta donde estaba ella. La liebre agachó sus orejas y de un gran salto salió de su lecho y se puso a correr rauda como el viento. Los perros la siguieron ladrando muy fuerte. La liebre corrió de un lado a otro, intentando desviarlos; después dio un gran salto, y se agazapó inmóvil sobre el suelo. Los perros pasaron de largo y se adentraron en el bosque.
La liebre pudo por fin descansar un poco y respirar de nuevo. Pero no por mucho tiempo, porque de repente se volvieron a oír los ladridos de los perros. La liebre miró y vio que los perros estaban persiguiendo a otra liebre en el campo de al lado. Esta liebrecita parecía estar muy cansada y los perros se le acercaban cada vez más y más. La liebre golpeó el suelo con sus patas de atrás. La liebrecita lo oyó y se acercó corriendo con todos los perros detrás de ella. Entonces la liebrecita se agazapó rápidamente en el escondite de la liebre y la liebre saltó y echó a correr con todos los perros detrás de ella. Los perros creyeron que era la misma liebre, porque no habían visto el cambio, pero la liebrecita descansaba tranquila.
La liebre volvió a correr de un lado a otro, tan rápido que pudo despistar a sus perseguidores, y los perros volvieron a casa.
De este modo vivió la liebre durante el verano y el otoño, durmiendo en cualquier sitio entre la hierba, en los campos, ayudando a las demás liebres a huir de los perros y de los zorros, comiendo jugosos tallos y lavándose cada día.
Pero llegó el invierno, y los copos de nieve cubrieron el país con un gran manto blanco. La liebre se sentó en un campo donde había habido verdes tallos irguiéndose desde la oscura tierra, y se dejó cubrir por la nieve. Pero por la noche el frío heló la nieve que había derretido, y la liebre tuvo así un tejado de hielo sobre su blanco colchón de plumas.
De repente la liebre oyó algo. ¿Acaso alguien estaba caminando sobre el hielo y la nieve a través del campo? ¿Quizá el campesino o el cazador? Una bota grande y negra rompió súbitamente el tejado de hielo y casi pisó la cabeza de la liebre. El cazador se cayó. La liebre saltó y se fue corriendo, y antes de que el cazador pudiera levantarse, ya había ido muy lejos.
Entonces llegó la primavera. Los pájaros volvieron de sus refugios de calor, y el sol brillaba en el cielo. Se acercaba el tiempo de Pascua. En el jardín del campesino florecían las plantas. Una mañana, la liebre se fue al jardín del campesino, donde ya había estado muchas veces. Se sentó bajo un arbusto y estuvo descansando de sus paseos nocturnos. El perro estaba en su casita y todo estaba absolutamente tranquilo, cuando se oyeron las risas y los gritos de los niños. Se metieron entre los arbustos, apartaron las ramas, miraron debajo de las hojas y de las flores. De vez en cuando gritaban alegremente:
-¡Mirad!
La liebre vivía sobre la tierra desde hacía mucho tiempo y lo sabía:
-Los niños están encontrando los huevos de Pascua…
Pero entonces una niñita se acercó al arbusto donde estaba escondida la liebre. Estaba demasiado cerca. La liebre pensó que era mejor marcharse. Despacio y en silencio, se fue saltando a través del césped. Los niños la vieron y gritaron:
-¡Una liebre, papá, es la liebre de Pascua!
Muy contentos la siguieron con la mirada y cuando la liebre se hubo escurrido por debajo de la valla del jardín hacia los campos, los niños siguieron buscando los huevos de Pascua y los pusieron dentro de sus cestas.
La liebre saltó a través de los campos de tréboles, y de vez en cuando se paraba como para intentar recordar algo. En la pradera se encontró a su familia de liebres y los saludó, pero no se quedó con ellos por mucho tiempo. Siguió saltando un poco más allá y se encontró con la alondra que estaba haciendo su nido en la hierba y le dijo:
-Hoy es un día maravilloso. Los hombres piensan que sólo ellos saben algo de este día. ¡Si yo pudiera cantar! Por favor, querida vecina, tú que tienes esa voz tan bonita, sube alto, muy alto, tan alto que llegues a ver las puertas del cielo, y canta una canción al más grande y poderoso de los ángeles porque hoy es su día; canta un cántico de gratitud por nuestra vida y por el amanecer y por el verde campo en el que vivimos.
Entonces la alondra subió por su escalera invisible hasta perderse de vista, y cantó la más hermosa canción al más grande de los seres, porque ese era SU día. La liebre con su familia y los hijitos de la alondra lo oyeron muy bien,
y los niños siguieron buscando los huevos de Pascua."


09/04/09


"Nadie tiene amor más
grande que quien da la
vida por sus amigos"
Jesús de Nazaret

03/04/09

números romanos


Obsérvese el detalle del número 2, hemos de reconocer que tiene una lógica aplastante, aunque no sea ortodoxa...Estos chicos!!!!!
"DESDE MUY NIÑO TUVE QUE INTERRUMPIR MI EDUCACIÓN PARA IR A LA ESCUELA"
G.García Márquez