16 de abril de 2010

Niños fatigados

El otro día encontré este librito en un rastrillo, es del año 1931, pero tiene capítulos de una actualidad apabullante. Nada más comenzar a leerlo te das cuenta que se trata de un libro a favor de los niños y eso no era precisamente habitual hace tantos años. Me ha sorprendido especialmente el capítulo IX en el que habla del "niño fatigado".

"Es escaso el número de chicos que no son víctimas del agotamiento por nuestro sistema educador" (Hace casi ochenta años.....)
"Los escolares realizan un trabajo de forzados, junto al cual el régimen penitenciario de la Guyana es una sinecura. Los hombres en la fuerza de su edad trabajan un máximo de ocho horas, y los pensionistas de las prisiones no muchas más, mientras que los niños están obligados a una atención y a un esfuerzo que exceden de las capacidades físicas e intelectuales de un adulto normal. Wurtz ha afirmado que nos guardásemos de considerar a un chico como holgazán cuando puede no ser más que un fatigado."
"¿Quién se preocupa de la fatiga infantil, de que se vayan consumiendo, sin ser repuestas, las energías de su organismo tierno? El vértigo de la vida moderna ha llegado a la educación. Máximo trabajo en mínimo tiempo es también la fórmula de la redituación escolar. El colegio, la enseñanza en casa, la gimnasia reglada, horas de encierro en la escuela, reclusiones en su domicilio, idiomas, música, todo para forzar la máquina tras el alcanzar una pretendida meta, que no es, de ninguna manera, la de una educación perfecta, sino la mescolanza de retazos de instrucción y remiendos formativos que producen un sujeto muy poco aprovechable para la ulterior ocupación de la vida social."
..."la inadaptación, la indisciplina, que pueda mostrarse es la resultante de un agotamiento producido por nosotros."
"Si la educación agota, renunciemos a ella. Será un vicio social, como el alcoholismo o la sífilis. Pero ella en sí no es nociva. La hacemos nosotros...."
"....no es tanto la cantidad y aun la dificultad del trabajo lo que fatiga, sino su naturaleza, su naturaleza psicológica. Por eso puede clasificarse el trabajo que exigimos al niño en: fácil e interesante, que no cansa; difícil e interesante, que apenas cansa; fácil y fastidioso, que fatiga desproporcionadamente con respecto a su importancia, difícil y fastidioso, al que corresponde el máximo de agotamiento. (Claperede)"
"...se fatigan con tanta mayor rapidez cuanto más jóvenes son, interviniendo el factor fatiga en el niño en una proporción mucho más fuerte que en el adulto..."
"Al salir de la vida tranquila que hacía en la casa, al ser encerrado en la escuela, no siente en un principio gran disgusto, no se cansa por el nuevo trabajo intelectual, porque la novedad de las cosas le distrae; pero su atención, fijándose largamente, comienza a fatigarle, y concluye cansándole de tal modo, que empeora sus condiciones; vemos todo esto en la palidez que sustituye el hermoso color de rosa de una cara infantil. Se vuelven menos alegres y menos vivos, pierden el apetito, se ponen más excitables y tristes y se quejan de dolor de cabeza."
"...cuando la fatiga es muy fuerte produce un cambio en nuestro humor y nos ponemos más irritables; parece que la fatiga haya consumido lo que había de más noble en nosotros, aquella aptitud por la cual el cerebro del hombre civilizado se distingue del hombre primitivo y salvaje."
"....nos falta la resistencia para el trabajo intelectual, y la curiosidad y la fuerza de atención, que son las características más importantes del hombre superior y civilizado."
"He aquí un niño cansado de largo trabajo mental; guardémonos de creer que le damos descanso infligiéndole la obligación de rudos esfuerzos musculares; no conseguiremos más que añadir una fatiga a otra fatiga"
"....el número de horas consagradas al trabajo en clase, en el estudio en casa, debe variar según la edad de los alumnos, y ser como máxima (bajo reserva de un reposo completo la tarde del jueves y todo el día del domingo), dos horas a los seis y siete años, tres a los ocho y nueve años, cuatro a los diez y once años y cinco a los doce, trece y catorce, con los necesarios y repetidos descansos dentro de estas horas de trabajo."

Si el autor de estas líneas levantase la cabeza y viese a nuestros niños, con sus mochilas, sus deberes, sus extraescolares ¿qué diría?

11 comentarios:

Sandra dijo...

UN texto increíble!! gracias por compartirlo. NO se de donde sacas tanto tiempo para la lectura con 4 hijos!!! :) UN beso

Ipe dijo...

Vaya tesoro que has encontrado...¿me dejas compartirlo en el boletín de Clonlara?

A cambio te dejó el enlace a la entrada del miércoles, que habla sobre el aprendizaje de las matemáticas... una experiencia del año 1929 en escuelas públicas de USA, creo que te va a gustar.
http://boletinclonlaraesp.blogspot.com/2010/04/cuando-menos-es-mas.html

Cariños inmensos,

Zinnia Muñoz dijo...

Qué diría? Yo creo que se volvería a morir de asombro y desesperanza, porque desde esa visión, no hemos evolucionado positivamente, al contrario, estamos condenando a muchos niños a la insatisfacción, a la infelicidad. Excelente texto. Gracias Paloma.

paloma dijo...

Si que es una joya si....Y tengo muchos más, solo que no encuentro el tiempo para postear.Ipe puedes compartirlo ¡¡¡claro!!!
Sandra leer es una necesidad vital para mi, por eso leo, aunque no tanto como quisiera. Yo creo que siempre sacamos tiempo para lo que de verdad queremos, robándoselo a otras muchas cosas, por ejemplo la limpieza y el orden de la casa. En realidad no tengo tele y con cuatro niños la gran ventaja es que frecuentemente juegan y juegan entre ellos...así se van sacando ratillos, pero vamos no leo tanto,ja,ja...picoteo más bien.

Zinnia es cierto, cuando a las nueve de la noche veo a los niños de la edad del mío mayor haciendo deberes todavía, me descompongo y siempre me pregunto ¿para qué? no es tanta la diferencia entre ellos y nuestros niños que a lo mejor a las diez de la mañana ya están libres...en fin.
Besos.

Anónimo dijo...

Gracias por este post.
Ayer precisamente pensé: ¿No estará pasando Jaime demasiado tiempo jugando? ¿Estaré creando un vago?
Pero me he dado cuenta de que aprende muchísimas cosas jugando. Mis hijos son muy creativos y se inventan 1000 historias con sus juguetes. Además de reinventar los mismos juguetes.
Ayer estaba jugando con un portaviones y dijo que era la Primera Guerra Mundial. Yo le dije que creía que en la I G.M. no había aún portaviones, sino en la II.
Aunque mi marido y yo nunca les hemos comprado juguetes bélicos, me he dado cuenta de que es algo inherente a los varones. Y no creo que sea malo, pues ellos estarían llamados a defendernos en caso necesario.
Yo recuerdo mi época escolar y el agobio que tenía con tantos deberes y tan poco tiempo libre.

Un abrazo

Carolina

Anónimo dijo...

Paloma, qué joya! Gracias. Puedo también compartirlo?
Me viene bien porque ayer mi niña jugó toda la mañana y a la tarde, durmió una siesta de casi 4 horas. Cuando fuí a despertarla y estábamos las dos tendidas en la cama haciéndo cosquillas, me entró la culpa de disfrutarla tanto, de pasárnoslo TAAAN bien sin horarios ni obligaciones... y casi pienso que estaría haciendo algo mal porque era demasiado placentero ; )
A la noche estuvo con su papá viendo asteroides y cohetes y quedó tan fascinada por el espacio que le costaba dormirse de tantas preguntas que se hacía.
El interés genuino, el interés que nace desde dentro, es imposible que se amolde al horario escolar.
Un besote. Ana (de Barcelona)

Silvia dijo...

Que increible verdad? vemos a gente de este tiempo y qué visionarios, y que pena como dice Zinnia que estamos haciendo realidad sus peores vaticinios.

Silvia dijo...

Carolina, lo de los niños y juguetes 'belicos' como dices debe ser inherente, lo veo en todas mis amigas con hijos varones. Lo bueno es que ellos se sientan como 'defensores' y no detractores, que seguro que los tuyos asi juegan. Y BIEN POR LAS HORAS DE JUEGO. Las mias igual, juegan y juegan, y yo a veces me dan dudas pero enseguida pienso que es una maravilla que en este tiempo conserven el regalo de una infancia sana.

paloma dijo...

Carolina cuando mi mayor era muy pequeñito, yo no le compraba ni pistolas de agua. Ahora después de unos años y cuatro hombrecitos te puedo asegurar que algo ancestral y genético tiene que haber. Siempre lo digo, mis hijos de pequeños visten de rosa, se hacen coletas en el pelo, dan de mamar a las muñecas, pero de repente aparecen en sus vidas las espadas y las batallas!!!!
Yo pensaba que debía haberme equivocado en algo, pero ahora y después de comparar con más muchachos no puedo más que rendirme ante la evidencia.
Vaya tema eh!!! Muchos besos Carolina.

paloma dijo...

Y lo del juego también es un temazo, siempre nos desesperamos un poco cuando vemos que transcurren tantas horas jugandooooo. Y sobre todo cuando van creciendo en años, altura, sabiduria etc...pero siguen jugando, ja,ja...También piensas ¿qué habré hecho mal? Dios mioooooo ¿cuándo dejará de jugar?
El mío va a por los diez años y a las once de la noche no se quiere ir a la cama porque no ha terminado de JUGARRRRRR.

paloma dijo...

Ana por supuesto que puedes compartirlo, para eso está este blog, todo lo que pueda ser útil lo podéis utilizar.
Un besote.

La verdad es que lo suyo sería escanear el libro entero pues no tiene desperdicio.

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