13 de febrero de 2017

La chispa


Saqué este libro de la biblioteca porque me llamó a voces desde la estantería: ¡¡¡Llévame, llévame a casa que no te vas a arrepentir!!! Y no me he arrepentido ni un momento y eso que he sufrido de lo lindo ya que ¡¡¡cuesta tanto ponerse a leer o hacer cualquier extra cuando tienes niños!!! Toda la semana deseando tener un rato para liarme con él y he tenido que leerlo a salto de mata y encima sin poder subrayarlo. Soy una subrayadora compulsiva y de este libro no habría dejado ni una línea sin marcar pero bueno, he ido copiando en un cuaderno lo que más me ha llamado la atención y seguramente me lo compraré en cuanto pueda, pues me ha encantado.

Está escrito por Kristine que es la madre de Jacob un niño que fue diagnosticado con autismo cuando tenía tres años de edad. Los “especialistas”, los que entendían, no creían posible que ese niño lograra jamás en la vida ni leer ni escribir. Para ellos la meta a conseguir es que a la edad de diecisiete años el chico fuera capaz de atarse los cordones de los zapatos. La realidad es que con esa edad, actualmente es un cotizado investigador en física cuántica que trabaja en la ampliación de la teoría de la relatividad de Einstein.

Al principio la madre delegó en ellos, hasta que su intuición le gritó que si seguía así perdía a su hijo y se aventuró a tomar las riendas en la educación de su pequeño y de otros muchos niños con autismo. Pero como ella dice eso no es tan fácil: 

“Aunque creo que el instinto de una madre no falla nunca, la intuición maternal no aparece con señales luminosas ni sirenas”

Muchas veces en los blogs de homeschooling parece que somos anti cole y no es verdad. Yo estoy segura de que para muchos niños y muchas familias el colegio es bueno, pero también es cierto que para muchooooooos niños no lo es. Al leer citas como la siguiente, recuerdo a mi hijo mayor con apenas dos años diciéndome: no quiero ir al colegio. Y esa incertidumbre de la que habla la autora, ese salto de fe, ese rebelarse a lo establecido, sobre todo a la opinión de los que saben.

A pesar de todos nuestros esfuerzos, la soledad y el aburrimiento de tercero acabaron afectando a Jake. Se moría por aprender, y el colegio parecía un obstáculo. Leía hasta altas horas de la noche en la cama, daba igual las veces que fuéramos a apagarle la luz. Por la mañana no quería ir al colegio....El niño absorto, entusiasmado y lleno de vitalidad que hablaba sobre asteroides en el asiento trasero del coche era mi Jake. El niño del que me despedía con un beso en la parada del autobús todas las mañanas no era ni su sombra”

Me da pena pensar en la cantidad de niños que se perderán:

Todos queremos darles las mejores oportunidades posibles y parece que les perjudicamos sin no les guiamos en la dirección correcta. Estimular las pasiones de los niños en vez de desviarles de ellas, especialmente cuando esas pasiones no se ajustan exactamente a los patrones convencionales para tener éxito en el futuro, puede dar la sensación de que es como arrojarse por un acantilado. Así me pareció a mí, pero ese salto de fe es necesario para que nuestros hijos vuelen.
Si un niño del que no se espera que hable ni lea puede alcanzar logros tan insólitos, imagínese lo que podrán conseguir niños que no tienen tantos obstáculos y lo alto que pueden llegar si les animamos desplegar las alas: más allá de cualquier horizonte, más allá de lo que jamás hubiéramos podido soñar”

A los padres les resulta aterrador ir en contra de las recomendaciones de los profesionales, pero en el fondo de mi corazón sabía que si Jake seguía en educación especial se apagaría. Así que decidí fiarme de mi intuición y abrigar la esperanza en lugar de abandonarla. No desperdiciaría mi tiempo ni energía intentando convencer a los profesores y terapeutas de su colegio de que cambiaran sus expectativas o sus métodos. No quería luchar contra el sistema ni imponer a otros lo que a mí me parecía que era adecuado para Jake...Haría todo lo que me pareciera necesario para ayudarle a desarrollar plenamente su potencial, fuera el que fuese”

...Si tenía que elegir entre un poco más de terapia o soplarnos el uno al otro flores de diente de león en el patio, optábamos por las flores de diente de león sin dudarlo”

Era un niño muy especial, único. Pero también era autista, y solo por eso, en el colegio le habían puesto una etiqueta y habían decidido prematuramente lo que podía y no podía hacer. Mi hijo necesitaba que yo le defendiera, que fuera su campeona; necesitaba que hablara por él.
Al día siguiente, no subí a Jake al pequeño autobús amarillo, sino que se quedó en casa conmigo.
Michael puso el grito en el cielo.
-¿Cómo que no va al colegio? ¿Estás loca, Kris? ¿Has perdido el juicio?
-Michael terminaremos perdiéndole si seguimos haciendo lo que estamos haciendo”

Cuando nos vemos frente a los expertos (y los padres de hoy tienen que tratar con muchos expertos), es fácil decirse:”¿Qué conocimientos tengo yo? Solo soy la encargada de hacer los macarrones con queso”


Dejo de hacer spoiler pero es super recomendable si tienes hijos o te dedicas a la educación. Libro muy inspirador.

NOTA: Las negritas de las citas son mías.


      


1 comentario:

Maribel dijo...

Parece muy buen libro Paloma.
Has elegido muy bien las citas.
Lo peor es cuando nos hacen creer que nosotras no sabemos y nos lo creemos. Recuerdo que una madre comentaba que no estaba de acuerdo con una decisión de la maestra con su hijo. Y resignada decía: si lo dice la maestra, quién soy yo para decir lo contrario...
Es una madre muy valiente la del libro, no todo el mundo tiene el valor de tomar las riendas.
Un abrazo.

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